¿Te has enamorado… de ti?

Photo by Monika Kozub
El enamoramiento nos hace experimentar sensaciones muy agradables, al tiempo que vemos hermosa y perfecta a otra persona, pero es común que cuando observamos nuestro propio reflejo hagamos más críticas que halagos.

Por Mallinali Mejía

8 de diciembre de 2020

Nos cuesta ver la perfección en nuestro cuerpo aun cuando es el único que tenemos, en gran parte, por los estereotipos de belleza, feminidad u hombría, que nos han metido hasta por los codos. Porque desde la infancia, empezamos a llamar “feas” o “bonitas” a cosas, personas o situaciones, pero no basándonos en lo que nos hacen sentir, tanto como en lo que nos dicen los adultos: una niña peinada es bonita, un niño sucio es feo, un niño rubio es bonito, una niña morena es fea (mira este video, por si fuera poco, lo “bello” lo asociamos con lo “bueno” y lo “feo” con lo “malo”).

Mientras más crecemos, más imposiciones cargamos en los hombros, no sólo acerca de nuestra apariencia física sino también de nuestra expresión de género, tú ya debes saber esto perfectamente, sólo espero que no lo hayas sufrido.

Las mujeres “tienen que”

ser delgadas, con cintura angosta pero cadera ancha, busto prominente, nalgas voluptuosas, abdomen firme, nariz respingada y pequeña, ojos grandes, labios carnosos, dientes alineados y acá va lo peor: ¡jóvenes! ¿Por qué digo que es lo peor? Porque por más cirugías que se hagan, el tiempo pasa y dejan de ser efectivas, al contrario… También “deben” maquillarse, peinarse, pintarse las uñas, usar ropa femenina (vestidos, faldas, pantalones pegados y blusas escotadas, aunque no siempre se sientan cómodas, por el clima o por el acoso callejero).

Los hombres,

afortunadamente, tienen menos “obligaciones” que cumplir, no por eso menos tortuosas: tener espalda ancha, voz gruesa, músculos grandes, un pene enorme y mientras más vello, “mejor”; además, ser altos. 

No todas las personas podemos apegarnos a esos malditos estereotipos, por genética o por falta de tiempo, disciplina o dinero. Ante este panorama desolador, ¿qué nos queda? 

La respuesta, aunque trillada, siempre es amarnos tal como somos, con celulitis, lonjas, estrías, barriga, granos, dientes chuecos o amarillos, verrugas, lunares enormes, piernas peludas, barba lampiña, pechos pequeños, nalgas aguadas, tres pezones (no es mamada), genitales ambiguos, dedos chuecos, vulvas olanudas y penes diminutos. Porque, OJO, lo anterior es natural, no “feo”, así se ha considerado en este tiempo y en esta cultura, mientras en otros contextos, estrabismogordura eran símbolo de belleza. 

Pasos simples para incrementar la aceptación y el amor hacia tu cuerpo:
  • Cuestiona los estereotipos de belleza: lo único natural es la diversidad, los “defectos” son normales, son características humanas, la connotación negativa se la ha dado la sociedad.
  • Concéntrate en lo que te gusta de ti: ojalá sea todo, desde la punta del cabello hasta el dedo gordo del pie, pero si no es así, exprésate cosas bonitas, como lo harías con la persona que te gusta (repite las veces necesarias “qué pinche belleza” cuando te veas al espejo).
  • Deja de compararte: no hay gente más guapa que tú, sólo se apega más a los estereotipos y, aún así, también se ha sentido “fea” en varios momentos de su vida. 
  • Ten empatía: si hablas mierda del físico de las demás personas… también lo harás contigo, quizá no te lo digas en voz alta, pero lo pensarás.  
  • Ve a terapia: te podría ayudar a flexibilizar tu pensamiento, a aumentar tu autoestima e incluso a desarrollar habilidades sociales con las que compenses tus “carencias” físicas.
  • Trabaja en lo que puedes cambiar: busca estrategias para hacer ejercicio o comer saludablemente, paso a pasito, no tienes que volverte vegetariano(a) ni nada, pero podrías echarte un refresco menos a la semana, por algo se empieza. De paso, mejoras también tu salud.
  • Echa mano de la ciencia: si te alcanza y quieres hacerlo, busca intervenciones quirúrgicas, pero siempre investiga si realmente son confiables  y hazlo porque lo deseas de manera genuina, porque te vas a sentir bien tú, no porque le vas a gustar a otra persona.
  • Manda a la chingada las opiniones ajenas: Tu cuerpo es perfecto porque es el único que tendrás en este paso por el mundo, ¡ámalo, acéptalo y valóralo!

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