Enamorarse no es un crimen

Algo parecido me dijo mi mejor amigo, luego de consolarme durante días a través de WhatsApp. Había decidido terminar una relación, que la otra persona juraría que nunca existió, estaba deprimida y separada por miles de kilómetros de las personas a quienes necesitaba abrazar.

Por Mallinali Mejía

23 de agosto de 2022

Todo empezó en una app de citas, vivo desconfiando de ellas y aún así las sigo descargando una y otra vez, ¡mala mía! Hice match con un tipo que me pareció guapo, inteligente y divertido. Cuando lo vi en persona, lo confirmé. Por sus acciones, pensé que yo también le gustaba, pero ciertamente nunca me lo dijo.

Desde el principio debí ver las red flags, cuando le pregunté qué era lo que le gustaba y me respondió que “todo lo que podía hacerse en la cama”. El sexo no me espanta, me gusta, así que sólo me limité a indagar si era lo único que buscaba.

Según él, no estaba “exento de nada”. Mi interpretación fue “abierto a todo”, segundo error.

Hicimos de todo, con ropa y sin ella, nos divertimos mucho porque teníamos un humor similar y la pasábamos muy bien cada que nos encontrábamos, independientemente del plan. Hasta que algo empezó a cambiar. Eso de pensar todo el día en una persona, querer estar con ella siempre, esperar sus mensajes y sonreír al responderle… o ponerse triste con sus cancelaciones, ya no era sólo disfrutar el momento. ¡Me enamoré!

Se lo expresé y al principio dijo que no sabía qué sentir y decir al respecto. No sabía lo que quería. Yo sí, lo quería a él, no tenía claro si para compartir un título formal y duradero, pero sí para besarlo, abrazarlo, tomarlo de la mano, decirle “te extraño”, hacer videollamadas y acurrucarme con él, aunque no lloviera. 

Me convencí de que era un chico confundido, confié cuando dijo que no quería lastimarme e intenté seguir saliendo con él, hasta que luego de un chiste, como los que siempre hacía, volvió a salir el tema y ¡la bomba explotó! Le dije que ya no deberíamos vernos porque para ese punto yo ya estaba sufriendo la falta de reciprocidad. 

Esa semana fue peor, no supe más de él y terminé haciendo lo que me salió del corazón, aunque la razón lo desaprobó. Escribí una carta para decirle cómo me sentía, le tomé una foto y se la envié por WhatsApp.  

Su respuesta fue larga, pero se resume en la frase que me rompió el corazón “soy un raro fuckboy”.

Cuando lo leí supe que ya no había marcha atrás, él lo había aceptado, yo ahora lo sabía y no me podía seguir inventando justificaciones. ¡Ahora que lo escribo me doy cuenta de que las alertas siempre estuvieron ahí! A él no le gustaba tanto… ¿han visto esa peli? Espero que sí porque es una buena referencia.

Total, me deprimí por segunda vez, pero ahora con coraje hacia él y culpa contra mí, porque debí saberlo, debí limitarme a disfrutar, debí esto, debí aquello, ¡debí! Cuando más me culpé y más tonta me sentí, mi mejor amigo me dijo “esperar algo bonito de una relación no está mal, los que están mal son los otros”. Nada más cierto.

¡Momento! No digo que tener citas sin vincularse afectivamente esté mal, tampoco las personas que lo hacen, lo que está de la chingada es que no lo expresen clara y oportunamente. Por respeto al tiempo y a los sentimientos de la otra persona es mejor decir desde un principio lo que se quiere y lo que no, lo que se puede ofrecer y lo que no. ¿Eso podría espantar al ligue? Claro, pero practicar la responsabilidad afectiva también les podría ahorrar muchos dolores de cabeza o corazón a ambas personas. Y, de hecho, igual podrían pasarla bien.

Lo que me pasó es sólo uno de muchos ejemplos de enamoramientos no correspondidos o poco adecuados, como enamorarse de alguien que está en una relación (cerrada), que sigue clavado(a) con su ex, que es de la propia familia, etcétera. Según la situación y la correspondencia, sentirse enamorado(a) puede ser hermoso o jodido, pero es difícil modificar lo que nos pasa a nivel hormonal y cerebral. Lo que sí podemos controlar es nuestra conducta, lo que hacemos al respecto. Lo primero es reflexionar y debatir nuestros pensamientos de culpabilidad.

¡Enamorarse no es un crimen, sin importar de quién sea!

Toca también pensar en todas las opciones, lo más importante es evitar lastimar a alguien, principalmente, a nosotros(as) mismos(as). Los sentimientos y deseos de la persona de quien nos enamoramos pueden influir, pero al final, quedarse (y bajo qué condiciones) o irse deberá ser una decisión propia, intentando dejar de lado lo que se espera de nosotros(as), porque los deberías no reflejan nuestros deseos sino los de otras personas. 

Irse podría doler al principio, pero los beneficios a largo plazo lo valdrán. Quedarse podría sentirse bien un ratito y también es opción, siempre que se asuman las consecuencias. En cualquiera de los casos, sin culpa, teniendo presente que el enamoramiento es algo que sucede, no es sinónimo de debilidad o estupidez, es un síntoma de humanidad.

Aclaración importante: enamoramiento no es lo mismo que amor, pero de eso ya hablaremos luego…

El sexo a la distancia

Okdiario
Juntar el cuerpo, vestido o desnudo, con el de alguien que te eriza la piel es una de las experiencias más ricas, pero el placer puede empezar mucho tiempo antes de tenerle físicamente cerca.

Por Mallinali Mejía

31 de mayo de 2022

La palabra “sexo” se usa indistintamente para nombrar un acto erótico, casi siempre coital, y para hacer referencia a los órganos sexuales externos. Al final, penes, vulvas y/o genitales ambiguos están involucrados. Por lo anterior, mucha gente no concibe el placer compartido sin estar cerca de la otra persona. 

Afortunadamente, el sexo online y el sexteo han venido a cambiar la manera en la que podemos relacionarnos con gente que nos prende. Claro, el sexo telefónico existía desde hacía mucho, pero igual ¡bendito Internet! Nos permite aprovechar nuestra capacidad de reaccionar a estímulos que no están presentes, porque si bien basta con imaginarlos o recordarlos, ver imágenes, videos o escuchar sonidos en nuestro dispositivo es súper sexy. 

Nuestras capacidades cognitivas son tales que nos ayudan a disfrutar con experiencias que quizá nunca hayan sido o vayan a ser reales,

con personas que tal vez nunca veamos de frente o con aquellas con las que tenemos tanto años que la pasión se ha terminado, y no por el tiempo sino porque no hemos puesto empeño en mantenerla viva.

¿Alguna vez has tenido sexo a la distancia? ¿Qué te ha parecido o por qué no te has animado? Hay personas, especialmente de edad avanzada, que están en contra, porque “dónde queda el respeto”, “por eso luego andan sus fotos en todos lados” o “los jóvenes no pueden tomar esas decisiones”. 

Ojo, para disfrutar del sexo a la distancia no siempre debes enviar imágenes, videos o hacer videollamadas, porque es cierto, la violencia sexual y digital están de la chingada aunque existan leyes que las penalicen, como la Ley Olimpia, de México. Muchas veces las palabras bastan.

Acá van algunas razones

para que, sea cual sea tu edad, vivas o sigas gozando de estas prácticas, independientemente de lo que digan las demás personas. Mientras quienes se involucren hayan otorgado su consentimiento, ¡a darle! 

Es un buen preámbulo

Puede empezar muchos días o apenas unas horas antes de que se encuentren, podrán sentir la excitación al leer sus mensajes hasta en situaciones poco comunes como una clase o una reunión de la oficina y es altamente probable que cuando lleguen estén súper calientes. 

La imaginación es un espacio seguro

Proponer prácticas excitantes que podrían o no suceder cuando se vean, les permitirá disfrutar un montón, además de explorar sus límites y deseos. Compartir las fantasías es una buena idea para considerar si se quedan tal cual o se transforman en deseos y ven la manera de llevarlos a cabo.

Deleite para la vista y el oído

Si deciden compartir material erótico, como imágenes, audios o videos, será mucho más fácil acortar la distancia, no habrá mucho que imaginar… o quizá sí, acá es importante decidir qué tanto se va a mostrar. Por lo general, se sugiere que en el material audiovisual no se pueda conocer la identidad de quien aparece, especialmente por si termina en lugares o con personas con quienes no debería. Además, es buena idea que vayan paso a pasito, si de una envías o recibes la foto de un pene erecto, ¿qué más queda? La clave es empezar con sugerencias.

Distancias largas que se acortan

Si por el momento no pueden estar juntos, porque viven en lugares distintos o alguien está de viaje, el sexo a la distancia es una buena opción para que el erotismo esté presente en la relación. 

Sexo seguro

Existe el riesgo de vivir violencia digital cuando se comparte material audiovisual, sin embargo, el sexo a la distancia es súper seguro ante los embarazos no planeados y las infecciones de transmisión sexual, cero probabilidades de que sucedan, menos riesgos más orgasmos.

La vasectomía, el terror de algunos hombres

Marca de agua
Es uno de los métodos anticonceptivos más efectivos; en México es gratuita y rápida, sin embargo, pocos hombres optan por ella.

Por Mallinali Mejía

28 de marzo de 2022

Recientemente me saludó una vieja amiga para compartirme, con gran felicidad, que está embarazada de su tercer hijo. Me alegró recibir el mensaje y, obviamente, le deseé lo mejor. Durante la plática posterior, me contó que su pareja ya no quería tener hijos, por lo que ella se realizaría la Oclusión Tubaria Bilateral (OTB). Le comenté que si era él quien ya no quería tener hijos, podría realizarse la vasectomía, ella respondió que no, porque le daba miedo.

De ahí en adelante, me sumergí en una reflexión que poco (o quizá mucho) tiene que ver con la decisión de esa pareja, en el entendido de que haya sido un consenso y no un mandato o el fin de un proceso de manipulación.

Constantemente se nos dice a las mujeres que somos quienes tenemos que mantener las piernas cerradas, cuidarnos o hacernos cargo de los embarazos no planeados; no así a los hombres, que son quienes nos embarazan. Sí, la responsabilidad es de las dos personas y no estoy tratando de justificar a nadie, pero, en serio, ¿vamos a seguir cargando con todo nosotras solas, independientemente de que seamos capaces o no de hacerlo?

Si tuvieras que mencionar cinco métodos anticonceptivos, te apuesto a que la mayoría serían para la mujer, porque realmente sólo existen dos para hombres: condón y vasectomía. Que vienen otros en camino, sí, pero que aún no han salido al mercado, en varios casos por los efectos secundarios que causan, también.

¡Es que pobres de los hombres!

Podrían tener acné o cambios de humor. Bueno, amigos, pemítanme decirles que las mujeres pasamos por eso con varios de los anticonceptivos y aquí estamos, siendo las que más los usan. Si lo pensamos a profundidad, hasta incongruente es porque la mujer tiene un óvulo listo para ser fecundado al mes, mientras que los hombres tienen millones de espermatozoides al día. ¿Quién puede causar más embarazos?

Detengámonos en lo que nos trajo acá al principio, los métodos anticonceptivos definitivos. La OTB consiste en realizar una incisión quirúrgica, a través del ombligo tras el parto o a nivel del nacimiento del vello púbico; también puede ser durante una cesárea. Se identifican las trompas uterinas, se cortan y se ligan para impedir el paso del óvulo y de los espermatozoides.

La vasectomía, por su parte, consiste en una operación sin bisturí, con anestesia local; se realiza una punción en la piel de la bolsa escrotal, se localizan, ligan y cortan los conductos deferentes, por donde pasan los espermatozoides.

¿Alguno es mejor que otro? Bueno, la vasectomía, desde el punto de vista de los riesgos, es más segura, tiene un periodo de recuperación más rápido y un costo menor que la OTB, pero… «siempre hay un pero».

Existe una tasa baja en cuanto al uso de la vasectomía

lo que refleja el machismo aún arraigado en la sociedad. Además, se ha encontrado que la población joven, con mayores niveles de escolaridad e ingresos, muestra mayores conocimientos y menos creencias negativas relacionadas con el procedimiento. De manera que falta trabajo que hacer con la población de menores ingresos y grado académico.

¿Por qué a algunos hombres les da miedo la vasectomía? En primer lugar, existe la percepción de que la vasectomía puede afectar a “la hombría”, el deseo y el desempeño sexual. También se teme al procedimiento quirúrgico; a la inyección, la anestesia, la herida, la sutura y el retiro de los puntos.

Al sumar machismo y miedo, resulta que casi la mitad de las mujeres (48.5%) usa la OTB como método anticonceptivo, mientras que apenas un 2.7% usa la vasectomía para no tener hijos o más hijos con su pareja, de acuerdo con la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica.

A esto, claro, habría que añadirle la baja o nula preocupación que existe por la transmisión de infecciones de transmisión sexual, especialmente en las parejas que llevan mucho tiempo juntas. Aunque eso ya es otro tema.

Las mujeres que no tienen derecho al placer

Photo by M.
El placer es un derecho sexual que se ha negado reiteradamente a las mujeres de todo el mundo, pero las estrategias cambian de acuerdo con el contexto.

Por Mali Mejía Islas

7 de febrero de 2022

Una de las peores formas en las que se obstaculiza el placer y se daña la salud sexual y reproductiva de las mujeres es a través de la mutilación genital, que la Organización Mundial de la Salud define como la división “total o parcial de los órganos genitales femeninos o cualquier otra lesión en ellos por motivos no médicos”. Hay cuatro tipos de mutilación genital femenina (MGF):

Autoría desconocida

Los motivos para practicarla son variados, religiosos o sociales, por lo general, ligados a la creencia de que las mujeres permanecerán puras, tendrán una conducta sexual aceptable, llegarán vírgenes al matrimonio y/o serán fieles.

Esto sucede en 30 países de África, Oriente Medio y Asia Meridional, pero también en algunas comunidades de Latinoamérica, Europa Occidental, Norte América, Australia y Nueva Zelanda.

Prácticamente alrededor del mundo, con consecuencias físicas y psicológicas graves, como dolor intenso, hemorragias, mayor riesgo de complicaciones en el parto; problemas urinarios, vaginales, menstruales y sexuales; depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático y hasta la muerte.

Las mujeres que vivimos en países en donde la MGF no es común ¿tenemos garantizados nuestros derechos al placer y a la salud sexual? No, aunque las violencias que vivimos sean más sutiles, también se estigmatiza el placer femenino, se nos siguen inculcando estereotipos de “buenas” y “malas” mujeres, además de representarnos y tratarnos como objetos de consumo masculino.

No se meten con nuestra vulva directamente, lo hacen a través de nuestra mente, la llenan de miedos, estereotipos, inseguridades y prejuicios. Nos hacen creer que las vulvas (a las que suelen llamar vaginas) son feas, asquerosas y apestosas. Nos enseñan que para sentir placer deberíamos ser penetradas y que un hombre es quien debe conocernos e inspeccionarnos por primera vez. 

Las mujeres que «no tienen (garantizado su) derecho al placer» son aquellas que no conocen sus derechos, no pueden exigirlos o defenderlos, viven en una sociedad que sistemáticamente los vulnera o se los niega, no han recibido información y educación integral de la sexualidad. ¡Somos todas! Todavía.

La situación o las consecuencias que viven las mujeres que son sometidas a la MGF no es comparable con la de quienes no tenemos que experimentar esas intervenciones.

La desigualdad de género tiene diferentes caras, todas duelen de maneras distintas y por eso vale la pena seguir luchando, para que un día ser mujer sea algo placentero, sin dolor, culpa o vergüenza.

¿Cómo tienen sexo las personas no binarias?

La realidad es compleja, pero la respuesta es simple: igual que los hombres y las mujeres

Por Mali Mejía Islas

21 de diciembre de 2021

Los seres humanos somos curiosos por naturaleza y ya que la mayoría nos vivimos en géneros binarios (hombre-mujer), es probable que te hayas hecho esta pregunta alguna vez, así que va una reflexión al respecto.

Tener sexo suele ser entendido como sinónimo de penetración (pene-vagina) y no siempre es así. No todas las personas son heterosexuales y/o cisgénero, las personas intersexuales tienen experiencias eróticas por igual, sin olvidar que también existe la asexualidad.

Las relaciones sexuales tampoco (necesariamente) son lugares comunes, como cuerpos totalmente desnudos, posición del misionero, erecciones masculinas y gemidos femeninos. Son todo y nada de eso, son diferentes, únicas, románticas, kinkys, rápidas, largas, inesperadas, planeadas…

Tener sexo es compartir la intimidad, los deseos, los placeres y, claro, los cuerpos ¡diversos! al igual que los gustos y las prácticas. A veces también es compartir sentimientos, como el amor o el cariño. 

¿Entonces cómo hacen “el delicioso” las personas no binarias (y todas las demás)?

Con penetración:  Puede ser, considera que no siempre se necesitan un pene y una vagina. Hay muchos más espacios que se pueden explorar y otras cosas o partes del cuerpo que se pueden sumergir. ¡Todo se vale! Siempre y cuando haya consenso y seguridad (o riesgos conscientemente asumidos).

Con sexo oral: Probar sabores y texturas que no engordan y satisfacen a más de una persona es un buen negocio. En esta práctica no hay riesgo de embarazo y el riesgo de algunas infecciones de transmisión sexual (ITS), como el VIH, disminuye. Es más fácil oler o ver señales de que hay alguna ITS si están enfrente de la cara y entonces toca posponer el encuentro.

Desgenitalizado: El placer puede encontrarse entre las piernas, pero también en muchos otros rincones del cuerpo. Tenemos cinco sentidos y capacidades cognitivas increíbles, como la imaginación y la memoria, no es necesario estimular los genitales para generar o sentir placer. 

Para este momento ya debes saberlo, no hay una respuesta concreta.

Las personas no binarias, al igual que los hombres y las mujeres hetero y LGBT+ se comparten y se erotizan, como se les ocurre, como se les antoja y/o como se atreven.

¡De muchas maneras!

¿Volver con mi ex?

Photo by Everton Vila
Muchas personas nos hemos hecho esta pregunta, aunque quizá no la decimos en voz alta… socialmente suele estar mal visto y, de verdad, puede ser una mala idea, pero no siempre. Cada relación es un mundo.

Por Mali Mejía Islas

14 de septiembre de 2021

En medio de una conversación acerca de los conflictos que podrían terminar con nuestra relación, un antiguo novio me dijo que había muchas posibilidades, no solo la infidelidad, que era la única opción que yo le había dado. Y es que una pareja anterior, con quien conocí las desgracias del amor romántico, había sido tan violenta, que yo había normalizado aquello: engaños, abuso, ofensas, humillación… Lo único que no lograba “superar” era su infidelidad.

Gracias a un largo camino de reflexión en la psicoterapia, la educación de la sexualidad y la vida en sí misma, me di cuenta de que, efectivamente, son muchas las razones por las que las parejas terminan y no todas son horribles, aunque lo parezca por los sentimientos de tristeza o enojo que pueden existir en el momento de la ruptura.

Entonces, ¿por qué se sataniza a las parejas que regresan?

Porque se asume que hubo violencia (que se trataban mal) o ya no se llevaban, no se considera que las relaciones terminan porque la gente cambia, pierde el interés, modifica sus metas, se muda o simplemente se aleja cuando se acaba el enamoramiento y, aún así, puede haber respeto y buentrato

Hay un sinfín de razones por las que las personas se separan, pero si tiempo después vuelven a coincidir y el interés regresa, es válido re-conocerse, convivir y retomar una relación en la que no hubo violencia

¿Y si hubo violencia?

 Es un tema escabroso, porque la integridad de una o ambas personas podría estar en riesgo. Mi recomendación es no volver si hubo violencia (psicológica, física, sexual, económica o patrimonial), a menos que ambos miembros de la relación hayan concluido un proceso psicoterapéutico, en el que hayan reflexionado muchísimo, desarrollado habilidades de comunicación, negociación y, sobre todo, autocontrol. Aunque, ojo, ni esto garantiza que la relación esté libre de violencia.

En este caso, además, hay que analizar muy detenidamente las razones por las que se desea volver, si se cuenta con una red de apoyo sólida (familia, amistades, colegas…)  y si no se está idealizando a la persona, porque él o ella ha cambiado y quizá lo que te gustaba ya no está más. Y si no ha cambiado, peor, ¡la violencia volverá! 

Si el concepto de amor de cada uno(a) no se basa en el respeto, la confianza, el compromiso y la empatía, toca reevaluarlo antes de siquiera estar en contacto nuevamente. Además, es necesario estar consciente de que, como cualquier persona, un(a) ex tiene virtudes y defectos, vienen en paquete y habrá que echar mano de un montón de habilidades personales para tener una relación saludable. Así mismo, tener claro que el conflicto es inherente a todo tipo de relaciones, hay que aprender a resolverlo sin violencia

Si crees que el amor es demasiado y ambos(as) están listos(as), entonces date la oportunidad de tener varias citas antes de retomar la relación y, por favor, quédate súper atenta(o) a mínimas señales de violencia, como que te quiera controlar, te cele o te haga sentir incómoda(o). 

Te doy algunos ejemplos de señales para que puedas reconocerlas: que quiera saber de quién es el mensaje que te llegó, qué harás cuando termine la cita, con quién has estado hablando o quién es quien comentó la última foto que subiste a Fb; que te bese a la fuerza, te dé la mano o te abrace aunque le digas que no; que te levante la voz, que diga bromas hirientes o comentarios que te hacen sentir mal. Si algo similar sucede, no vuelvas, ¡en serio! Tus sentimientos, tu dignidad, tu tiempo y hasta tu vida podrían estar en peligro.

No regreses con tu ex…

Porque temes a la soltería, crees que invertiste mucho en esa relación o que nunca vas a conocer a alguien igual. Estar soltero(a) puede ser muy divertido, te dedicas más tiempo y te libras de las discusiones de pareja. Seguro viviste cosas increíbles con esa persona y compartiste con ella meses o años de tu vida, que jamás volverán, pero regresar solo por eso no garantiza que vaya a funcionar la relación, al contrario, podrías quedar atrapado(a) en un loop sin sentido, estar por estar. Claro que no conocerás a nadie igual, pero quienes lleguen te sorprenderán con nuevos gustos, actitudes, sensaciones, actividades y experiencias

¡Haz lo que se te antoje, siempre con tu bienestar por delante!

¿Somos hombres o payasos?

Photo by Max Bender
Muchas veces se piensa que el sexo ocupa nuestro pensamiento la mayor parte del día y si bien es un tema de conversación frecuente entre hombres heterosexuales, nunca hablamos de lo que realmente sentimos o nos preocupa alrededor del mismo.

Por Sergio Toledo

04 de mayo de 2021

Existe la creencia de que debemos complacer a nuestra pareja, de hacerla sentir especial, única, cuidada, amada y protegida. Prácticamente, desde la infancia se nos inculca la idea de que debemos ser los protectores, proveedores y cuidadores de ellas. Algo que contrasta con los millones de casos de violencia física, emocional, psicológica o económica ejercida en su contra. Pareciera que las cuidamos como objetos (sin derechos) que nos pertenecen y no como personas.

“Es que las mujeres también son unas cabronas”, “tú debes darte a respetar, no te dejes”, “¡que se vea quién lleva los pantalones en la relación!” Son solamente algunas de las frases que nos dicen nuestros mayores (padres, tíos, abuelos) para “hacer las cosas bien en una relación de pareja”, pero nunca hablamos de cómo nos sentimos con esta postura que nos inculcaron.

Sin cuestionarlo, seguimos el patrón.

Esto puede afectarnos a nivel emocional y, consecuentemente, en el plano sexual, por ejemplo, cuando ni siquiera nosotros sabemos cómo nos gustaría disfrutar con nuestra pareja. ¡Oh, lo olvidaba! Está prohibido hablar de eso porque entonces “tu vieja te controla” o “eres puto porque te gusta que te toqueteen el culo”. Aunque no está escrito, es algo que ningún hombre heterosexual se atreve a platicar con otro hombre, a menos que sea de tu entera confianza, yo nunca he sido testigo de ello.

¿Cómo vamos a hablar de algo que se nos ha dicho que “es de homosexuales”? ¿En qué momento la masculinidad se define por el número de parejas sexuales que has tenido? ¿Por qué es aceptable hablar de tu trabajo o del equipo que ganó el partido de liga el sábado, pero no de que últimamente no se te para? El placer sexual no se reduce a lograr una eyaculación o que te hagan sexo oral, hay que vivirlo de manera informada, sin culpas, comunicándote con tu pareja, haciendo acuerdos y expresando lo que te gusta y lo que no, escuchando lo que ella desea y lo que no.

Deja la vergüenza de lado y habla de sexo con tu pareja, con tus amigos y hasta con tu familia, no de una manera vulgar, sino como un tema natural, como algo que todas las personas vivimos y podemos disfrutar. Te invito a informarte al respecto en libros, programas educativos e incluso con sexólogos(as) que despejen todas tus dudas.

Una masculinidad sana también habla de lo que siente, de lo que vive y de lo que espera en sus relaciones sentimentales, pasionales, formales o casuales.

La confusión de la libertad sexual

Si entraste al artículo pensando que leerías algo tipo “…una cosa es libertad y otra libertinaje…” no te sugiero continuar, las siguientes líneas carecen de prejuicios e ideas moralinas.

Por Mali Mejía Islas

19 de abril de 2021

Es importante hablar de la libertad sexual, porque es un derecho, que “abarca la posibilidad de la plena expresión del potencial sexual de los individuos”, pero también porque puede llegar a malentenderse, provocando así que las personas actúen en contra de sus deseos, necesidades y/o valores.

Recientemente, se habla más acerca de las relaciones abiertas, el poliamor y el derecho legítimo de las mujeres a tener cuantas parejas sexuales se les antoje, las menciono a ellas porque a ellos se les permitía desde hace mucho.  

El “peligro” de que esto suceda es que la falta de información objetiva lleva a algunas personas a creer que eso es lo normal, lo esperable o lo que deberían estar haciendo para vivir libremente su sexualidad. Por ejemplo, una mujer podría pensar que acostarse con varias personas es sinónimo de empoderamiento, un hombre podría creer que aceptar abrir su relación es realmente ejercer su libertad sexual. Y no, en ambos casos podría no serlo. 

Si bien algunas mujeres disfrutan de su sexualidad con múltiples parejas, otras lo hacen con una sola persona y eso no significa que una tenga menos o más libertad sexual. A ver si me explico,

el poder elegir cómo quieren ejercer sus sexualidades, sin coerción o coacción, prejuicios o malestar emocional es la verdadera libertad sexual. 

En el caso de él, quizá no le hace feliz estar sexualmente con otras personas y que su pareja haga lo mismo, ¿por qué habría de hacerlo? Claro, acá entra la opinión de quien está con él, pero incluso la libertad abarcaría el dejar la relación si no desea abrirla.

Libertad sexual es poder elegir si quieres besarte con un hombre, una mujer o una persona no binaria; es poder vestirte, peinarte y maquillarte como se te dé la gana, independientemente de tu sexo o tu género; es poder tener cuantas parejas sexuales quieras o no tener alguna en lo absoluto; es poder masturbarte sin remordimientos, con las manos o con juguetes, sin importar tu estado civil; es poder elegir qué anticonceptivos usar si es que lo deseas, qué prácticas y qué posiciones sexuales quieres probar; es poder elegir el tipo de relaciones interpersonales que estableces; es poder tener sexo desprotegido, asumiendo y responsabilizándote por las consecuencias; es poder elegir sobre tu cuerpo, pero ¡jamás sobre el de las demás personas!

La libertad sexual no es coger y coger como si no hubiera un mañana, es un concepto mucho más amplio, que no se limita a las relaciones sexuales. Es un derecho que todos los seres humanos tenemos, con el cual podemos elegir cómo vivir nuestra sexualidad, sin intervenir en las decisiones de los demás, libres de violencia.

En la medida en la que nos deshagamos de prejuicios y apegos, además de que conozcamos nuestros deseos y límites, podremos realmente ejercer nuestra libertad sexual.

Misgendering, del español «la cagué y confundí el género de una persona»

Boy George

Es probable que lo hayas hecho alguna vez en tu vida, ojalá que por equivocación y no por querer hacer sentir mal a esa persona.

Por Mallinali Mejía

1 de marzo de 2021

Misgendering es un anglicismo que se refiere a cambiarle el género a una persona,

especialmente a personas trans como una forma de violencia, aunque también puede pasar que te confundas por la manera de vestir, hablar, peinarse o comportarse de una persona cis.

Recordatorio necesario:

Una persona cis es alguien cuyo sexo y género asignado al nacer se corresponden (una mujer con vulva o un hombre con pene) y una persona trans es alguien que se identifica con el género opuesto al que le asignaron al nacer (un hombre con vulva o una mujer con pene). Las personas no binarias (elles) también son consideradas trans.

Usar pronombres o terminaciones de género con las que las personas no se sienten identificadas puede ser violento si se realiza intencionalmente o molesto aunque no se haga a propósito, por eso en muchos espacios se ha empezado a promover el uso del pronombre junto con el nombre cuando alguien se presenta. Por ejemplo, «Yo soy Mali y uso el pronombre ella». Quizá en alguna reunión de zoom o biografía de Tw o Fb has visto que se agrega un paréntesis indicando el pronombre o los pronombres con los que la persona se siente identificada y cómoda, p. ej. Tete (elle) u Omar (él, elle).

Esto abre un debate enorme, porque hay quienes se rehúsan a abandonar el binarismo y condenan el uso de “elle”, quienes creen que sexo y género es lo mismo, quienes piensan que el género es para jugar y experimentar, quienes opinan que debe ser abolido y quienes simplemente no se enteran de nada.

Independientemente de cuál sea tu postura, es importante que las relaciones interpersonales estén basadas en el respeto y la tolerancia. Si bien el misgendering se ha visibilizado con y por las personas trans, todas las personas estamos expuestas a cagarla y misgenderear o ser misgendereadas. 

Resuélvelo sin complicaciones:

  • Si una persona te pide que uses cierto pronombre con ella, ¡úsalo! No utilizar el pronombre/género con el que se identifica, probablemente la hará sentir triste o enojada y, además, es un acto de violencia.
  • Si no te lo pide de antemano, pero te aclara que la acabas de misgenderear, ofrece una disculpa y usa el pronombre y género con el que se identifica. 
  • Si tú eres a quien misgenderean, exprésalo respetuosamente, ignorar la situación probabilizará que vuelva a ocurrir.
  • Ten presente que hemos sido socializados(as,es) en un mundo binario, en donde existen marcados estereotipos de género de los que nos es difícil escapar.

Ten paciencia y usa la empatía 🙂

¿Te has enamorado… de ti?

Photo by Monika Kozub
El enamoramiento nos hace experimentar sensaciones muy agradables, al tiempo que vemos hermosa y perfecta a otra persona, pero es común que cuando observamos nuestro propio reflejo hagamos más críticas que halagos.

Por Mallinali Mejía

8 de diciembre de 2020

Nos cuesta ver la perfección en nuestro cuerpo aun cuando es el único que tenemos, en gran parte, por los estereotipos de belleza, feminidad u hombría, que nos han metido hasta por los codos. Porque desde la infancia, empezamos a llamar “feas” o “bonitas” a cosas, personas o situaciones, pero no basándonos en lo que nos hacen sentir, tanto como en lo que nos dicen los adultos: una niña peinada es bonita, un niño sucio es feo, un niño rubio es bonito, una niña morena es fea (mira este video, por si fuera poco, lo “bello” lo asociamos con lo “bueno” y lo “feo” con lo “malo”).

Mientras más crecemos, más imposiciones cargamos en los hombros, no sólo acerca de nuestra apariencia física sino también de nuestra expresión de género, tú ya debes saber esto perfectamente, sólo espero que no lo hayas sufrido.

Las mujeres “tienen que”

ser delgadas, con cintura angosta pero cadera ancha, busto prominente, nalgas voluptuosas, abdomen firme, nariz respingada y pequeña, ojos grandes, labios carnosos, dientes alineados y acá va lo peor: ¡jóvenes! ¿Por qué digo que es lo peor? Porque por más cirugías que se hagan, el tiempo pasa y dejan de ser efectivas, al contrario… También “deben” maquillarse, peinarse, pintarse las uñas, usar ropa femenina (vestidos, faldas, pantalones pegados y blusas escotadas, aunque no siempre se sientan cómodas, por el clima o por el acoso callejero).

Los hombres,

afortunadamente, tienen menos “obligaciones” que cumplir, no por eso menos tortuosas: tener espalda ancha, voz gruesa, músculos grandes, un pene enorme y mientras más vello, “mejor”; además, ser altos. 

No todas las personas podemos apegarnos a esos malditos estereotipos, por genética o por falta de tiempo, disciplina o dinero. Ante este panorama desolador, ¿qué nos queda? 

La respuesta, aunque trillada, siempre es amarnos tal como somos, con celulitis, lonjas, estrías, barriga, granos, dientes chuecos o amarillos, verrugas, lunares enormes, piernas peludas, barba lampiña, pechos pequeños, nalgas aguadas, tres pezones (no es mamada), genitales ambiguos, dedos chuecos, vulvas olanudas y penes diminutos. Porque, OJO, lo anterior es natural, no “feo”, así se ha considerado en este tiempo y en esta cultura, mientras en otros contextos, estrabismogordura eran símbolo de belleza. 

Pasos simples para incrementar la aceptación y el amor hacia tu cuerpo:
  • Cuestiona los estereotipos de belleza: lo único natural es la diversidad, los “defectos” son normales, son características humanas, la connotación negativa se la ha dado la sociedad.
  • Concéntrate en lo que te gusta de ti: ojalá sea todo, desde la punta del cabello hasta el dedo gordo del pie, pero si no es así, exprésate cosas bonitas, como lo harías con la persona que te gusta (repite las veces necesarias “qué pinche belleza” cuando te veas al espejo).
  • Deja de compararte: no hay gente más guapa que tú, sólo se apega más a los estereotipos y, aún así, también se ha sentido “fea” en varios momentos de su vida. 
  • Ten empatía: si hablas mierda del físico de las demás personas… también lo harás contigo, quizá no te lo digas en voz alta, pero lo pensarás.  
  • Ve a terapia: te podría ayudar a flexibilizar tu pensamiento, a aumentar tu autoestima e incluso a desarrollar habilidades sociales con las que compenses tus “carencias” físicas.
  • Trabaja en lo que puedes cambiar: busca estrategias para hacer ejercicio o comer saludablemente, paso a pasito, no tienes que volverte vegetariano(a) ni nada, pero podrías echarte un refresco menos a la semana, por algo se empieza. De paso, mejoras también tu salud.
  • Echa mano de la ciencia: si te alcanza y quieres hacerlo, busca intervenciones quirúrgicas, pero siempre investiga si realmente son confiables  y hazlo porque lo deseas de manera genuina, porque te vas a sentir bien tú, no porque le vas a gustar a otra persona.
  • Manda a la chingada las opiniones ajenas: Tu cuerpo es perfecto porque es el único que tendrás en este paso por el mundo, ¡ámalo, acéptalo y valóralo!