¿Volver con mi ex?

Photo by Everton Vila
Muchas personas nos hemos hecho esta pregunta, aunque quizá no la decimos en voz alta… socialmente suele estar mal visto y, de verdad, puede ser una mala idea, pero no siempre. Cada relación es un mundo.

Por Mali Mejía Islas

14 de septiembre de 2021

En medio de una conversación acerca de los conflictos que podrían terminar con nuestra relación, un antiguo novio me dijo que había muchas posibilidades, no solo la infidelidad, que era la única opción que yo le había dado. Y es que una pareja anterior, con quien conocí las desgracias del amor romántico, había sido tan violenta, que yo había normalizado aquello: engaños, abuso, ofensas, humillación… Lo único que no lograba “superar” era su infidelidad.

Gracias a un largo camino de reflexión en la psicoterapia, la educación de la sexualidad y la vida en sí misma, me di cuenta de que, efectivamente, son muchas las razones por las que las parejas terminan y no todas son horribles, aunque lo parezca por los sentimientos de tristeza o enojo que pueden existir en el momento de la ruptura.

Entonces, ¿por qué se sataniza a las parejas que regresan?

Porque se asume que hubo violencia (que se trataban mal) o ya no se llevaban, no se considera que las relaciones terminan porque la gente cambia, pierde el interés, modifica sus metas, se muda o simplemente se aleja cuando se acaba el enamoramiento y, aún así, puede haber respeto y buentrato

Hay un sinfín de razones por las que las personas se separan, pero si tiempo después vuelven a coincidir y el interés regresa, es válido re-conocerse, convivir y retomar una relación en la que no hubo violencia

¿Y si hubo violencia?

 Es un tema escabroso, porque la integridad de una o ambas personas podría estar en riesgo. Mi recomendación es no volver si hubo violencia (psicológica, física, sexual, económica o patrimonial), a menos que ambos miembros de la relación hayan concluido un proceso psicoterapéutico, en el que hayan reflexionado muchísimo, desarrollado habilidades de comunicación, negociación y, sobre todo, autocontrol. Aunque, ojo, ni esto garantiza que la relación esté libre de violencia.

En este caso, además, hay que analizar muy detenidamente las razones por las que se desea volver, si se cuenta con una red de apoyo sólida (familia, amistades, colegas…)  y si no se está idealizando a la persona, porque él o ella ha cambiado y quizá lo que te gustaba ya no está más. Y si no ha cambiado, peor, ¡la violencia volverá! 

Si el concepto de amor de cada uno(a) no se basa en el respeto, la confianza, el compromiso y la empatía, toca reevaluarlo antes de siquiera estar en contacto nuevamente. Además, es necesario estar consciente de que, como cualquier persona, un(a) ex tiene virtudes y defectos, vienen en paquete y habrá que echar mano de un montón de habilidades personales para tener una relación saludable. Así mismo, tener claro que el conflicto es inherente a todo tipo de relaciones, hay que aprender a resolverlo sin violencia

Si crees que el amor es demasiado y ambos(as) están listos(as), entonces date la oportunidad de tener varias citas antes de retomar la relación y, por favor, quédate súper atenta(o) a mínimas señales de violencia, como que te quiera controlar, te cele o te haga sentir incómoda(o). 

Te doy algunos ejemplos de señales para que puedas reconocerlas: que quiera saber de quién es el mensaje que te llegó, qué harás cuando termine la cita, con quién has estado hablando o quién es quien comentó la última foto que subiste a Fb; que te bese a la fuerza, te dé la mano o te abrace aunque le digas que no; que te levante la voz, que diga bromas hirientes o comentarios que te hacen sentir mal. Si algo similar sucede, no vuelvas, ¡en serio! Tus sentimientos, tu dignidad, tu tiempo y hasta tu vida podrían estar en peligro.

No regreses con tu ex…

Porque temes a la soltería, crees que invertiste mucho en esa relación o que nunca vas a conocer a alguien igual. Estar soltero(a) puede ser muy divertido, te dedicas más tiempo y te libras de las discusiones de pareja. Seguro viviste cosas increíbles con esa persona y compartiste con ella meses o años de tu vida, que jamás volverán, pero regresar solo por eso no garantiza que vaya a funcionar la relación, al contrario, podrías quedar atrapado(a) en un loop sin sentido, estar por estar. Claro que no conocerás a nadie igual, pero quienes lleguen te sorprenderán con nuevos gustos, actitudes, sensaciones, actividades y experiencias

¡Haz lo que se te antoje, siempre con tu bienestar por delante!

¿Somos hombres o payasos?

Photo by Max Bender
Muchas veces se piensa que el sexo ocupa nuestro pensamiento la mayor parte del día y si bien es un tema de conversación frecuente entre hombres heterosexuales, nunca hablamos de lo que realmente sentimos o nos preocupa alrededor del mismo.

Por Sergio Toledo

04 de mayo de 2021

Existe la creencia de que debemos complacer a nuestra pareja, de hacerla sentir especial, única, cuidada, amada y protegida. Prácticamente, desde la infancia se nos inculca la idea de que debemos ser los protectores, proveedores y cuidadores de ellas. Algo que contrasta con los millones de casos de violencia física, emocional, psicológica o económica ejercida en su contra. Pareciera que las cuidamos como objetos (sin derechos) que nos pertenecen y no como personas.

“Es que las mujeres también son unas cabronas”, “tú debes darte a respetar, no te dejes”, “¡que se vea quién lleva los pantalones en la relación!” Son solamente algunas de las frases que nos dicen nuestros mayores (padres, tíos, abuelos) para “hacer las cosas bien en una relación de pareja”, pero nunca hablamos de cómo nos sentimos con esta postura que nos inculcaron.

Sin cuestionarlo, seguimos el patrón.

Esto puede afectarnos a nivel emocional y, consecuentemente, en el plano sexual, por ejemplo, cuando ni siquiera nosotros sabemos cómo nos gustaría disfrutar con nuestra pareja. ¡Oh, lo olvidaba! Está prohibido hablar de eso porque entonces “tu vieja te controla” o “eres puto porque te gusta que te toqueteen el culo”. Aunque no está escrito, es algo que ningún hombre heterosexual se atreve a platicar con otro hombre, a menos que sea de tu entera confianza, yo nunca he sido testigo de ello.

¿Cómo vamos a hablar de algo que se nos ha dicho que “es de homosexuales”? ¿En qué momento la masculinidad se define por el número de parejas sexuales que has tenido? ¿Por qué es aceptable hablar de tu trabajo o del equipo que ganó el partido de liga el sábado, pero no de que últimamente no se te para? El placer sexual no se reduce a lograr una eyaculación o que te hagan sexo oral, hay que vivirlo de manera informada, sin culpas, comunicándote con tu pareja, haciendo acuerdos y expresando lo que te gusta y lo que no, escuchando lo que ella desea y lo que no.

Deja la vergüenza de lado y habla de sexo con tu pareja, con tus amigos y hasta con tu familia, no de una manera vulgar, sino como un tema natural, como algo que todas las personas vivimos y podemos disfrutar. Te invito a informarte al respecto en libros, programas educativos e incluso con sexólogos(as) que despejen todas tus dudas.

Una masculinidad sana también habla de lo que siente, de lo que vive y de lo que espera en sus relaciones sentimentales, pasionales, formales o casuales.

La confusión de la libertad sexual

Si entraste al artículo pensando que leerías algo tipo “…una cosa es libertad y otra libertinaje…” no te sugiero continuar, las siguientes líneas carecen de prejuicios e ideas moralinas.

Por Mali Mejía Islas

19 de abril de 2021

Es importante hablar de la libertad sexual, porque es un derecho, que “abarca la posibilidad de la plena expresión del potencial sexual de los individuos”, pero también porque puede llegar a malentenderse, provocando así que las personas actúen en contra de sus deseos, necesidades y/o valores.

Recientemente, se habla más acerca de las relaciones abiertas, el poliamor y el derecho legítimo de las mujeres a tener cuantas parejas sexuales se les antoje, las menciono a ellas porque a ellos se les permitía desde hace mucho.  

El “peligro” de que esto suceda es que la falta de información objetiva lleva a algunas personas a creer que eso es lo normal, lo esperable o lo que deberían estar haciendo para vivir libremente su sexualidad. Por ejemplo, una mujer podría pensar que acostarse con varias personas es sinónimo de empoderamiento, un hombre podría creer que aceptar abrir su relación es realmente ejercer su libertad sexual. Y no, en ambos casos podría no serlo. 

Si bien algunas mujeres disfrutan de su sexualidad con múltiples parejas, otras lo hacen con una sola persona y eso no significa que una tenga menos o más libertad sexual. A ver si me explico,

el poder elegir cómo quieren ejercer sus sexualidades, sin coerción o coacción, prejuicios o malestar emocional es la verdadera libertad sexual. 

En el caso de él, quizá no le hace feliz estar sexualmente con otras personas y que su pareja haga lo mismo, ¿por qué habría de hacerlo? Claro, acá entra la opinión de quien está con él, pero incluso la libertad abarcaría el dejar la relación si no desea abrirla.

Libertad sexual es poder elegir si quieres besarte con un hombre, una mujer o una persona no binaria; es poder vestirte, peinarte y maquillarte como se te dé la gana, independientemente de tu sexo o tu género; es poder tener cuantas parejas sexuales quieras o no tener alguna en lo absoluto; es poder masturbarte sin remordimientos, con las manos o con juguetes, sin importar tu estado civil; es poder elegir qué anticonceptivos usar si es que lo deseas, qué prácticas y qué posiciones sexuales quieres probar; es poder elegir el tipo de relaciones interpersonales que estableces; es poder tener sexo desprotegido, asumiendo y responsabilizándote por las consecuencias; es poder elegir sobre tu cuerpo, pero ¡jamás sobre el de las demás personas!

La libertad sexual no es coger y coger como si no hubiera un mañana, es un concepto mucho más amplio, que no se limita a las relaciones sexuales. Es un derecho que todos los seres humanos tenemos, con el cual podemos elegir cómo vivir nuestra sexualidad, sin intervenir en las decisiones de los demás, libres de violencia.

En la medida en la que nos deshagamos de prejuicios y apegos, además de que conozcamos nuestros deseos y límites, podremos realmente ejercer nuestra libertad sexual.

Misgendering, del español “la cagué y confundí el género de una persona”

Boy George

Es probable que lo hayas hecho alguna vez en tu vida, ojalá que por equivocación y no por querer hacer sentir mal a esa persona.

Por Mallinali Mejía

1 de marzo de 2021

Misgendering es un anglicismo que se refiere a cambiarle el género a una persona,

especialmente a personas trans como una forma de violencia, aunque también puede pasar que te confundas por la manera de vestir, hablar, peinarse o comportarse de una persona cis.

Recordatorio necesario:

Una persona cis es alguien cuyo sexo y género asignado al nacer se corresponden (una mujer con vulva o un hombre con pene) y una persona trans es alguien que se identifica con el género opuesto al que le asignaron al nacer (un hombre con vulva o una mujer con pene). Las personas no binarias (elles) también son consideradas trans.

Usar pronombres o terminaciones de género con las que las personas no se sienten identificadas puede ser violento si se realiza intencionalmente o molesto aunque no se haga a propósito, por eso en muchos espacios se ha empezado a promover el uso del pronombre junto con el nombre cuando alguien se presenta. Por ejemplo, “Yo soy Mali y uso el pronombre ella”. Quizá en alguna reunión de zoom o biografía de Tw o Fb has visto que se agrega un paréntesis indicando el pronombre o los pronombres con los que la persona se siente identificada y cómoda, p. ej. Tete (elle) u Omar (él, elle).

Esto abre un debate enorme, porque hay quienes se rehúsan a abandonar el binarismo y condenan el uso de “elle”, quienes creen que sexo y género es lo mismo, quienes piensan que el género es para jugar y experimentar, quienes opinan que debe ser abolido y quienes simplemente no se enteran de nada.

Independientemente de cuál sea tu postura, es importante que las relaciones interpersonales estén basadas en el respeto y la tolerancia. Si bien el misgendering se ha visibilizado con y por las personas trans, todas las personas estamos expuestas a cagarla y misgenderear o ser misgendereadas. 

Resuélvelo sin complicaciones:

  • Si una persona te pide que uses cierto pronombre con ella, ¡úsalo! No utilizar el pronombre/género con el que se identifica, probablemente la hará sentir triste o enojada y, además, es un acto de violencia.
  • Si no te lo pide de antemano, pero te aclara que la acabas de misgenderear, ofrece una disculpa y usa el pronombre y género con el que se identifica. 
  • Si tú eres a quien misgenderean, exprésalo respetuosamente, ignorar la situación probabilizará que vuelva a ocurrir.
  • Ten presente que hemos sido socializados(as,es) en un mundo binario, en donde existen marcados estereotipos de género de los que nos es difícil escapar.

Ten paciencia y usa la empatía 🙂

¿Te has enamorado… de ti?

Photo by Monika Kozub
El enamoramiento nos hace experimentar sensaciones muy agradables, al tiempo que vemos hermosa y perfecta a otra persona, pero es común que cuando observamos nuestro propio reflejo hagamos más críticas que halagos.

Por Mallinali Mejía

8 de diciembre de 2020

Nos cuesta ver la perfección en nuestro cuerpo aun cuando es el único que tenemos, en gran parte, por los estereotipos de belleza, feminidad u hombría, que nos han metido hasta por los codos. Porque desde la infancia, empezamos a llamar “feas” o “bonitas” a cosas, personas o situaciones, pero no basándonos en lo que nos hacen sentir, tanto como en lo que nos dicen los adultos: una niña peinada es bonita, un niño sucio es feo, un niño rubio es bonito, una niña morena es fea (mira este video, por si fuera poco, lo “bello” lo asociamos con lo “bueno” y lo “feo” con lo “malo”).

Mientras más crecemos, más imposiciones cargamos en los hombros, no sólo acerca de nuestra apariencia física sino también de nuestra expresión de género, tú ya debes saber esto perfectamente, sólo espero que no lo hayas sufrido.

Las mujeres “tienen que”

ser delgadas, con cintura angosta pero cadera ancha, busto prominente, nalgas voluptuosas, abdomen firme, nariz respingada y pequeña, ojos grandes, labios carnosos, dientes alineados y acá va lo peor: ¡jóvenes! ¿Por qué digo que es lo peor? Porque por más cirugías que se hagan, el tiempo pasa y dejan de ser efectivas, al contrario… También “deben” maquillarse, peinarse, pintarse las uñas, usar ropa femenina (vestidos, faldas, pantalones pegados y blusas escotadas, aunque no siempre se sientan cómodas, por el clima o por el acoso callejero).

Los hombres,

afortunadamente, tienen menos “obligaciones” que cumplir, no por eso menos tortuosas: tener espalda ancha, voz gruesa, músculos grandes, un pene enorme y mientras más vello, “mejor”; además, ser altos. 

No todas las personas podemos apegarnos a esos malditos estereotipos, por genética o por falta de tiempo, disciplina o dinero. Ante este panorama desolador, ¿qué nos queda? 

La respuesta, aunque trillada, siempre es amarnos tal como somos, con celulitis, lonjas, estrías, barriga, granos, dientes chuecos o amarillos, verrugas, lunares enormes, piernas peludas, barba lampiña, pechos pequeños, nalgas aguadas, tres pezones (no es mamada), genitales ambiguos, dedos chuecos, vulvas olanudas y penes diminutos. Porque, OJO, lo anterior es natural, no “feo”, así se ha considerado en este tiempo y en esta cultura, mientras en otros contextos, estrabismogordura eran símbolo de belleza. 

Pasos simples para incrementar la aceptación y el amor hacia tu cuerpo:
  • Cuestiona los estereotipos de belleza: lo único natural es la diversidad, los “defectos” son normales, son características humanas, la connotación negativa se la ha dado la sociedad.
  • Concéntrate en lo que te gusta de ti: ojalá sea todo, desde la punta del cabello hasta el dedo gordo del pie, pero si no es así, exprésate cosas bonitas, como lo harías con la persona que te gusta (repite las veces necesarias “qué pinche belleza” cuando te veas al espejo).
  • Deja de compararte: no hay gente más guapa que tú, sólo se apega más a los estereotipos y, aún así, también se ha sentido “fea” en varios momentos de su vida. 
  • Ten empatía: si hablas mierda del físico de las demás personas… también lo harás contigo, quizá no te lo digas en voz alta, pero lo pensarás.  
  • Ve a terapia: te podría ayudar a flexibilizar tu pensamiento, a aumentar tu autoestima e incluso a desarrollar habilidades sociales con las que compenses tus “carencias” físicas.
  • Trabaja en lo que puedes cambiar: busca estrategias para hacer ejercicio o comer saludablemente, paso a pasito, no tienes que volverte vegetariano(a) ni nada, pero podrías echarte un refresco menos a la semana, por algo se empieza. De paso, mejoras también tu salud.
  • Echa mano de la ciencia: si te alcanza y quieres hacerlo, busca intervenciones quirúrgicas, pero siempre investiga si realmente son confiables  y hazlo porque lo deseas de manera genuina, porque te vas a sentir bien tú, no porque le vas a gustar a otra persona.
  • Manda a la chingada las opiniones ajenas: Tu cuerpo es perfecto porque es el único que tendrás en este paso por el mundo, ¡ámalo, acéptalo y valóralo!

Vergonzómetro Sexual

Si alguna vez has tenido la gracia, la intrepidez, el antojo o la curiosidad de ver pornografía, sabrás que ahí el sexo es perfecto, al igual que los cuerpos y las posiciones.

Por Mallinali Mejía

8 de noviembre de 2020

No podría no serlo, es gente a la que le pagan por tener relaciones sexuales y, encima, hay iluminación, maquillaje y hasta edición postproducción. En la vida real pasa un poco diferente, se nos marca el resorte del calzón, nos dejamos los calcetines puestos, tenemos pelos en la panza, varias lonjas en vez de six pack o abdomen plano y de vez en cuando se nos sale un pedo.

“¡Qué vergüenza!” Pensamos. “¿Lo habrá escuchado… y si huele?” La respiración, que ya estaba agitada por la actividad física vigorosa, se relaja un poco para agudizar el olfato. Quizá la otra persona ni cuenta se dio. Tal vez el sonido fue tan escandaloso que están muertos(as) de risa. En el mejor de los casos, les valió madres y siguen en lo que estaban. ¡Felicidades por ello!

Pedos, flatulencias o gases

Son de lo más natural y si bien pueden molestar un poco a nuestras narices, el efecto pasa rápido. Si a lo anterior sumamos que, en muchos casos, literalmente le lamemos las nalgas o hasta el ano a nuestras parejas, un pedito debería quedar como algo mínimo, ¿no? Ojalá, pero no siempre es así, para las mujeres puede ser una experiencia aterradora, porque “deben” ser perfectas. 

Acá otras situaciones fisiológicas que pueden ocurrir durante los encuentros sexuales, llegan a resultar incómodas cuando suceden, tanto para ellos como para ellas, pero son tan naturales como la excitación o el orgasmo. Ojo, la jerarquía la decides tú, todo le puede pasar a cualquier ser humano.

Tripas tronadoras/rechinadoras

Es normal, tienes hambre y te dará más. Váyanse por unos tacos cuando terminen y asunto solucionado. 

Pies apestosos

Al igual que otras partes del cuerpo, los pies sudan, sobre todo si tus tennis o zapatos son de plástico y no usas calcetines y/o talco. Aguas con el tufazo,que puede distraer o incomodar a tu pareja aunque a ti no te dé pena, cuida tu higiene personal. 

Calambres

Básicamente estás ejercitándote, es algo que puede pasarte cuando no calientas bien, en la cama o en el gimnasio. La falta de potasio también puede provocar calambres, así que, come plátano… la fruta.

Pedos vaginales

En el interior de la vagina queda atrapado aire que, eventualmente, sale. No pasa nada. A veces es por las posiciones que adoptamos, otras por lo que entra y sale: penes, juguetes, dedos, lenguas… el límite es la imaginación, pero que siempre sea con cuidado e higiene. Así como todas las personas con ano se pedorrean, todas las personas con vagina se echan pedos vaginales. ¡Todas! 

Axilas sudorosas

Esta zona del cuerpo tiene muchos poros que nos permiten regular la temperatura corporal, pero la presencia de bacterias puede generar “mal” olor. Pues sí, pero ni modo que a medio encuentro sexual te detengas para ponerte desodorante. Podrías hacerlo o aceptar que el sexo tiene un olor característico y hará que se pierda el de tus axilas. Si lo deseas puedes elegir un antitranspirante y usarlo antes de comenzar.

Orina…

Que a veces ni es orina. En las relaciones sexuales pones a trabajar a todos tus músculos y a veces, al terminar, se relajan de más, ni modo. Las personas que más se conflictúan por la pipí son las mujeres y personas con vulva, que de pronto, durante el orgasmo (aunque puede ser antes o después), sienten como si se orinaran. A veces no logran disfrutarlo porque tienen que detener la estimulación para no “hacerse”. ¡Y sorpresa! No es orina, sino eyaculación femenina, existe y sucede más comúnmente de lo que te imaginas. Ojo, esto no implica que sea mejor o peor una mujer que puede eyacular, cada quien vive y goza de su erotismo de distintas maneras.

Excremento

A todos les encanta el sexo anal… ¡hasta que el pene se les llena de popó! ¿Pues qué esperaban que hubiera ahí? El recto y el ano son la parte final de nuestro aparato digestivo, así que evidentemente ahí se encuentran restos de todo lo que comemos. Claro que lo recomendable es tener higiene, pero los enemas (también llamados lavativas) pueden poner en riesgo tu salud si los realizas constantemente. Lo mejor es limpiar bien la parte exterior y usar condón para que la penetración sea segura e higiénica. Además, el sexo anal es la práctica de mayor riesgo para las infecciones de transmisión sexual.

Recuerda y procura la higiene,

pero ten presente que el sexo puede sonar a “chanclazos”, nalgadas, gemidos, gritos, risa, llanto y pedos. Oler a sudor, semen, eyaculación, saliva, pies y cola. Sabe a todo eso y más, y aún así, apuesto a que se te antoja más una noche de “sexo sucio” que una de “sexo limpio”. Decide cómo lo prefieres y negócialo con tu pareja para que ambos tengan mucho placer, cero vergüenza.

¡Cuéntame qué otras cosas “incómodas” podrían pasar durante el sexo!

Asertividad sexual o el fino arte de decir “solo te quiero para coger”

Photo by Dainis Graveris
La finura de la que hablo no radica en utilizar el término coger, claro está, pero sí en el respeto que se le da a las demás personas cuando se dejan las cosas claras.

Por Mallinali Mejía

26 de octubre de 2020

La asertividad es una habilidad social que permite expresar ideas, sentimientos, opiniones, peticiones, halagos y críticas, de una manera adecuada y respetuosa con los derechos propios y ajenos.

Comunicarte asertivamente te puede brindar bienestar, no solo por decir lo que piensas sino también porque al hacerlo, demuestras interés en los sentimientos de las demás personas, lo que eventualmente tiene un efecto positivo en tus relaciones interpersonales.

¿Qué tiene que ver con las relaciones interpersonales o sexuales? 

¡Todo! Cada cabeza es un mundo y lo que para ti es evidente, podría no serlo para la otra persona, con la que quieres hablar, salir o echar pasión. Nadie puede saber lo que necesitas, deseas o quieres, si no lo dices. 

De la misma forma, tú podrías interpretar algo con base en el comportamiento de alguien, pero no puedes tener completa certeza de que tu percepción es real, a menos que te lo expresen con palabras. 

Ejemplo común, te gusta alguien, notas que te voltea a ver seguido, que sonríe mucho cuando platican y crees que inventa pretextos para acercarse a ti. Tu interpretación podría ser que te corresponde, ¿cierto? La realidad, quizá, es solo que es buena onda y se distrae fácilmente.

Seguro has estado ahí y acá te va una peor,

Te gusta alguien, demuestra interés, puedes sentir magia cuando están juntos y todos alrededor se dan cuenta de la química que existe entre ustedes. En fin, toda esa cursilería que podría escribir, pensar o decir cualquier persona enamorada. No hablan de los términos de su relación, pero sabes que hay algo ahí, piensas que están en el mismo canal y cuando le dices que le quieres, te dice que él/ella también.

¡Te quiere, felicidades! Ahora solo falta saber para qué y si estás de acuerdo con ello.

El problema es que a veces no te lo dicen, sea porque no lo preguntas, porque no quieren perder los beneficios de tu confusión o porque tampoco lo saben. Claro, puede pasar al revés, que tú no le aclares tus intereses a la o las personas con las que tienes algo.

Vivir de suposiciones puede causar malestar, ser una pérdida de tiempo y de oportunidades, no se aprovecha al cien la situación o se sufre… sobre todo, al enterarte de que ya tiene pareja ¡¡y obvio no eres tú!! 

Te invito a que le digas a las personas lo que quieres o deseas de ellas y/o con ellas en el plano afectivo y erótico, siempre abiertamente y de manera respetuosa.

Mientras no aclaren lo que esperan de sí, se pasa el tiempo que bien podrían haber utilizado en salir, besarse, tener sexo o hasta discutir, por qué no. El conflicto es parte de las relaciones humanas, solo hay que resolverlo adecuadamente.

Para que puedas comunicarte asertivamente, te comparto unas técnicas que te pueden ayudar, a algunas les cambié el nombre a algo sexoso para que las recuerdes mejor:

Autorrevelación

Decir algo de ti aunque no te han preguntado, ojo, siempre que el contexto lo permita.

Ejemplo 1.- estás a solas con tu crush, están super cerca y le dices “me encantaría besarte”. Mejor preguntar, que robar besos.

Ejemplo 2.- estás texteando con alguien que te gusta, las cosas se ponen calientes y le escribes “me gustaría tener relaciones sexuales/hacerte el amor/coger contigo”. Mejor ir más allá de las insinuaciones, que prometer amor que quizá no quieres dar y que tal vez la otra persona no espera recibir.

Trío 

Mencionar algo positivo, algo negativo y algo positivo… puedes aprovechar para hacer una petición.

Ejemplo 1.- “Me caes muy bien, pero no me gustas, me gustaría que siguiéramos siendo amigos”.

Ejemplo 2.- “Me pareces muy atractiva, y aunque no quiero algo formal, me gustaría que siguiéramos viéndonos”.

Buen sexo

Para repetir, repetir y repetir lo que deseas o no deseas. Recuerda que la asertividad respeta los derechos de las otras personas, cuidado con acosar a la gente.

Ejemplo.- 

A: Gracias por la invitación, pero no quiero salir contigo

B: Por favor, no seas mala onda

A: No soy mala onda, pero no quiero salir contigo

B: Solo dame una oportunidad

A: No se trata de darte una oportunidad, es que no quiero salir contigo

B: Pero es que me gustas mucho

A: Gracias, tú me caes muy bien, pero no quiero salir contigo.

Eso sí, ten presente que tu asertividad no asegura la de la otra persona y el hecho de que digas lo que quieres tampoco garantiza que lo aceptarán. De cualquier modo, si quieres un noviazgo, dilo; si quieres sexo, dilo. ¿No quieres? También dilo. Ahórrate y ahórrale tiempo y molestias a la gente.

¡No te andes con mamadas, mejor hazlas!

Photo by cristian-newman

¿Cuáles son los condones externos?

Photo by Jorge Saavedra
Seguro que los conoces, pero tal vez no sabías que así se les llama por la manera en la que se colocan. Los que son menos populares son los condones internos, aunque probablemente también los has visto.

Por Mallinali Mejía

14 de octubre de 2020

Antes de contarte qué onda, vamos a aclarar que los condones son métodos anticonceptivos de barrera, que generalmente están hechos de látex, pero como algunas personas son alérgicas, también los puedes encontrar en poliisopreno, poliuretano y nitrilo. Además, hay que enfatizar que son los únicos métodos que previenen embarazos e infecciones de transmisión sexual (ITS).

Para no hacerla más de suspenso, los condones externos son los que se utilizan en el pene, se conocen como masculinos. Los condones internos son los que se introducen en la vagina y suelen ser llamados femeninos. 

¿Por qué nombrarlos externos e internos?

Porque no todas las personas con pene son hombres, ni todas las personas con vagina son mujeres. De manera que ponerle género a los condones es poco adecuado, y es que ni los métodos de barrera, ni la ropa, los colores o los deportes tienen género. Para comprender la razón de estos nombres debemos tener claros tres conceptos:

Sexo

Conjunto de características biológicas (genitales, gónadas, hormonas, cromosomas y genes) que definen a una persona como macho, hembra o intersexual.

Género

Construcción social, de acuerdo con la cual existen actitudes y conductas distintas para mujeres y para hombres.

Identidad de género

Vivencia individual del género, si alguien se identifica como hombre o como mujer, independientemente de su sexo.

Tradicionalmente, el género se asigna con base en el sexo de las personas, si al momento del nacimiento el bebé tiene pene, se afirma que es hombre; si el bebé tiene vulva, se dice que es mujer. Y ojo, porque los genitales son apenas una de las características sexuales. 

Si al crecer, la persona se identifica con el género que le asignaron cuando nació, es cisgénero. Por ejemplo, una mujer con vagina. Si la persona no se identifica con el género que le asignaron, es transgénero.

Personas trans

Las personas con pene que se identifican como mujeres, son mujeres trans. Las personas con vulva/vagina, que se identifican como hombres, son hombres trans. 

Las personas trans pueden vestirse, peinarse y comportarse de acuerdo con el género con el que se identifican y, además, realizar modificaciones a su sexo para que haya concordancia sexo-género. Si toman hormonas o se realizan cirugías  son transexuales, si solo se viven en el género con el que se identifican, son transgénero.

De regreso al tema de los condones, una mujer trans podría necesitar un condón para pene, pero no un condón masculino, porque es una persona femenina. Así mismo, un hombre trans podría utilizar un condón para vagina, pero no un condón femenino, porque es una persona masculina.

Sabemos que el párrafo anterior es un completo enredo, por eso precisamente se ha propuesto que los condones sean nombrados externos e internos, para evitar confusiones y abarcar todas las posibles identidades de  género. 

¿Y a mí eso qué? 

Tal vez eres una persona cis y crees que no conoces a una persona trans (sí, “crees”, porque no puedes tener la certeza), así que consideras que no va a pasar nada en tu entorno si sigues nombrándolos condones masculinos y femeninos. ¡Puede ser!

Pero y si sí conoces a una persona trans, ¿no sería lindo usar un lenguaje que también le incluya? Algo así como cuando vas a una fiesta, en donde no conoces a nadie y de pronto alguien te dice “¡me encanta tu playera!”. Si te ha pasado, sabrás que en ese momento tu noche mejora… porque existes, alguien te notó y te trató como a cualquier otra persona.

En fin, esa es nuestra invitación, pero al final, puedes llamar a los condones como quieras. ¡Es más importante usarlos, que nombrarlos! Al menos ahora sabes que cuando alguien te pida un condón externo no es porque quiere tener sexo en el exterior.

El sexo sin amor

Photo by Dainis Graveris
¿Se te antoja, te molesta, te da igual, te trae recuerdos? Esta manera de vivir la sexualidad es controvertida, pero se trata de una decisión personal, que nadie debería cuestionar y mucho menos juzgar.

Por Mallinali Mejía

21 de septiembre de 2020

A la mayoría de las personas, sobre todo a las mujeres, se les enseña que “el amor y el sexo siempre deben ir de la mano”, pero esto no es real ni funcional: ni todas las personas que tienen relaciones sexuales están vinculadas afectivamente ni quienes se aman comparten sus cuerpos o sus vidas. 

Lo primero que hay que dejar claro es que el amor romántico quema las neuronas y frustra las hormonas.

Es una forma de control que más que alegrar la vida, la convierte en un cúmulo de expectativas y sufrimientos, cuando éstas no se cumplen. Te doy algunos ejemplos:

La idea de que existe un alma gemela obstaculiza la construcción del amor propio y de pareja. Supuestamente “llegará una persona especial y todo será mágico”, se olvida mencionar que han tenido crianzas, experiencias y aprendizajes diferentes, y que la química no alcanza para evitar los conflictos… que muy probablemente impactarán en la vida erótica. 

El mito de la virginidad impide que las mujeres exploren su cuerpo, teman perder valor al disfrutar de su sexualidad y sean juzgadas por la falta de un pedacito de carne (el himen), que a la mejor sí está y solo no sangró. A los hombres los obliga a ser unos expertos desde su primera vez, la cual deben de apresurar para evitar que se dude de su orientación sexual.

Se adoctrina a las personas, al menos en la cultura occidental, para que únicamente consideren la monogamia (seriada, eso sí), afirmando que enamorarse de dos o más personas, al mismo tiempo, es imposible o “está mal”. Es más, aún si no involucran sentimientos, se les llena de culpa por tener múltiples parejas sexuales… bueno, a las mujeres. A ellos se les justifica diciendo que “así son”. ¿Saben que las mujeres tienen un órgano que solo sirve para hacerles sentir placer, por qué no querrían usarlo? 

No lo malinterpretes, no todo el sexo debe ser sin amor, en realidad, puede ser de lo más romántico y empalagoso que lo desees, amistoso o como tú y la otra(s) persona(s) quieran. Ahí radica la belleza de la sexualidad humana, es libre o así debería de ser, en el amplio sentido.

Aunque lamento decirte que no todo es bonito, porque también existe el sexo sin placer

y, ojo, no hablo de la violencia sexual, ese es un tema distinto. Me refiero a esas ocasiones en las que acuerdas tener relaciones sexuales con alguien, te emocionas, te pones tus mejores calzones y… luego, tremenda sorpresa, no las disfrutas. 

El placer no es sinónimo de orgasmo, pero puede ser un indicio para saber cómo la pasa la gente en la cama, en el carro, en el baño o donde le agarren las ganas. Al respecto, se hizo una encuesta sobre orgasmos, y se encontró que las personas con pareja estable los tienen más frecuentemente que quienes tienen sexo casual, en ambos casos, los hombres los consiguen más que las mujeres y con mayor facilidad.

¿Qué nos dice esto, que se necesita amor o compromiso para disfrutar? No precisamente,

lo que hace falta es confianza, seguridad o, al menos, comunicación y bastante empatía. 

Independiente de si tienes relaciones sexuales con amor o sin él, tenerle confianza a tu pareja (estable, casual u ocasional) te permitirá sentirte libre de compartir tus deseos con ella. La seguridad es útil para concentrarte en tus sensaciones, en vez de estar pensando que los van a cachar, que te tienes que salir, que no quieres que termine adentro o que el granito en sus genitales se veía sospechoso… “¿eso era pus?”.

La comunicación es esencial para establecer límites y hacerle saber a la otra persona lo que te gustaría que te hiciera. La empatía impedirá que uses a tu pareja como objeto.

Es cierto que la finalidad del sexo sin amor es el mero placer sexual, pero debe ser para todos los(as) involucrados(as).
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La salud sexual como utopía

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Desde el 2010, cada 4 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Salud Sexual para promover el bienestar integral en torno a la sexualidad y los derechos para todas las personas.

Por Mallinali Mejía

7 de septiembre de 2020

Este año la temática fue el placer en los tiempos de COVID-19, ya que no es un lujo, como podría pensarse, sino un derecho. La pandemia trajo una reducción en los servicios de salud sexual, sin embargo, enfatizó la importancia del autoerotismo, la masturbación y nuevas formas de interacción sexual, como el cibersexo y el sexting; además, aumentó el uso de juguetes sexuales y las descargas de aplicaciones de ligue.

La OMS define la salud sexual como un estado de bienestar físico, mental y social en relación con la sexualidad, y no solamente la ausencia de enfermedad, disfunción o malestar. Ésta requiere un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad y de las relaciones sexuales, así como la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras, libres de toda coacción, discriminación y violencia. Para que todas las personas la alcancen y la mantengan, se deben respetar, proteger y satisfacer sus derechos sexuales.

Con base en lo anterior y teniendo como marco de referencia TU REALIDAD, ¿crees que es posible gozar de salud sexual? 

Ojalá, pero la mayoría de las personas carece de educación sexual integral. El contexto es violento, sobre todo para las mujeres y la comunidad LGBTTTIQA. El acceso a información y servicios sanitarios es deficiente. Las adolescentes tienen embarazos no planeados y, muchos de ellos, tampoco deseados. Es 2020 y no hemos alcanzado el 90-90-90 para frenar la transmisión de VIH y terminar con la epidemia de sida.

Vamos por partes

Bienestar físico: que nuestro cuerpo se encuentre en óptimas condiciones.

Con la pandemia de COVID-19 ya vimos que no es así, en nuestro país reina la obesidad, y olvídate de la estética porque las lonjas son lo de menos, lo que verdaderamente nos daña son la hipertensión, la diabetes y una alta probabilidad de morir por un ataque al corazón, no precisamente por desamor. Imagina entonces cómo están nuestros genitales, de los que “no debemos” hablar abiertamente, a veces ni tocar y menos permitir que alguien los examine. Cuando sí exploramos y encontramos algo raro o simplemente queremos acudir a una revisión periódica, resulta que no tenemos servicio médico o no nos alcanza para pagar la consulta, los estudios/análisis o el tratamiento. La salud cuesta y la mayoría de personas a nivel mundial vive en la pobreza.

Bienestar psicológico: que nuestros pensamientos, emociones y conductas sean saludables. 

Los protagonistas de la salud mental actual son dos trastornos: depresión y ansiedad. Muchas personas viven o vivirán con ellos, quizá no lo sepan o no los puedan atender y, por supuesto, verán afectadas varias áreas de su vida, entre ellas, la sexual. No poder cumplir con las exigencias sociales y del mercado (tener belleza, éxito, dinero, popularidad y, sobre todo, felicidad 24/7) también resulta en baja autoestima y pobre autoconcepto. El porno y los medios de comunicación han sido los encargados de educarnos en sexualidad, así que tenemos ideas erróneas sobre las relaciones sexuales y ni siquiera reconocemos el riesgo en algunas prácticas, mucho menos lo evitamos.

Bienestar social: que nuestro contexto nos permita gozar de libertad, realizarnos con igualdad y sin ningún tipo de violencia.

Las personas somos juzgadas, violentadas y discriminadas por nuestra identidad sexual. Los cuerpos, en su mayoría de mujeres, son víctimas de body shaming, porque son gordos, morenos o negros, peludos, con estrías y/o celulitis. Las identidades y expresiones de género son cuestionadas, se insulta y ataca a quienes se salen de la norma. Para mucha gente el amor tiene que ser heterosexual, ¡en pleno siglo XXI! Las mujeres sufren slut shaming porque deciden vivir su sexualidad libremente, con ropa diminuta, múltiples parejas, sexo casual o nudes. Vivir con VIH sigue siendo un estigma. El machismo, las LGBTfobias, el racismo y la serofobia son solo unas de las actitudes y los comportamientos que impiden que la salud sexual sea una realidad.

Pero tranqui, que no todo es malo. La RAE define la utopía como un proyecto deseable, pero irrealizable, Galeano agregaría que la utopía está en el horizonte y tal como éste, se aleja mientras más caminas hacia ella, esa es su función, hacernos caminar. Sigamos dirigiendo nuestros esfuerzos personales y colectivos para que la salud sexual real se vea cada vez más cerquita.

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