Tengo hambre de piel, ¿me abrazas?

Photo by semen zhuravlev
¿Alguna vez has escuchado el término “hambre de piel”? Si no, hoy estás de suerte, aunque lo estarías más si no la tienes, y en ese caso ¡qué fortuna la tuya!

Por Mallinali Mejía

27 de agosto de 2020

Antes de contarte de qué va este fenómeno, te quiero recordar el contexto: la humanidad ha enfrentado durante varios meses una pandemia de un nuevo virus, el SarsCov2, que causa la covid-19, algo que podrás contarle a tu descendencia, porque vaya que es histórico. Poco a poco vemos la luz al final del túnel. En donde se dieron los primeros casos, la gente ha vuelto a las calles. En América, al parecer, será pronto porque el número de transmisiones ha disminuido. Además, algunas vacunas ya están listas y hay ciertos medicamentos para tratar la infección.

Sin embargo, mientras esto no pase por completo, las relaciones interpersonales seguirán siendo distintas a como las conocíamos. Algunas personas seguimos fieles a quedarnos en casa, así que nuestro contacto con el mundo sigue siendo virtual. Algunas que salen, porque tienen que trabajar o necesitan resolver distintos asuntos, lo hacen con cautela y ni siquiera pueden ver sonrisas, debido a los cubrebocas, mucho menos, saludar de beso o abrazo. Claro, también hay quien lleva su vida como hace un año y quizá este artículo no le haga tanto sentido.

El hambre de piel es la necesidad de contacto físico que tenemos los seres humanos,

de tocar y ser tocados, no solo con las manos, recuerda que la piel es el órgano más grande del cuerpo. A través de ella sentimos la temperatura, el viento, las texturas, los besos, la electricidad y hasta los golpes. 

Photo by Dainis Graveris

Tanto necesitamos contacto, que en estos tiempos difíciles lo hemos buscado, aunque sea de manera virtual, antes de la pandemia, ¿conocías Zoom? Es probable que no, y que tampoco hicieras videollamadas con tus amigos(as), al menos, no tan constantes. 

Quizá habías oído de Tinder, pero no la habías descargado… No te sorprenderá saber cuánto han crecido ésta y otras apps de ligue, como Grindr, Bumble, Facebook Dating; y hasta Gleeden y Ashley Madison, que son aplicaciones para personas que ya tienen pareja y quieren tener aventuras. Tan grande fue su éxito en los primeros meses de cuarentena, que Tinder y Bumble permitían que los usuarios con cuentas gratuitas ligaran con personas al otro lado del mundo o, al menos, del país.

En Latinoamérica, desde marzo, la gente comenzó a descargar las aplicaciones o a pasar más tiempo en ellas, ya no solo para tener sexo o citas… o citas con sexo, sino también para platicar con alguien y calmar la soledad.

Photo by Igor Starkov

Además, como el placer sexual es fácil de extrañar, las videollamadas sexuales y el sexting también han incrementado desde entonces entre las personas que viven solas; al igual que la venta de juguetes sexuales, sobre todo, entre mujeres. Por otro lado, mientras menos conducta sexual han tenido las parejas, se han presentado más depresión, estrés, ansiedad y violencia.

Y es que los humanos somos seres sociales, necesitamos estar juntos, tocarnos y, ojo, que no solo se trata de placer sexual, también es un asunto de seguridad, salud y bienestar. Los besitos, las caricias, las palmadas en la espalda, el piojito y hasta el apretón de manos nos hacen bien, siempre que sean consensuados, claro está. Así que por muchos matches que tengamos, reuniones virtuales o charlas en Messenger y Whatsapp, jamás nos sentiremos del todo completos. Habrá quienes digan que han estado “como pez en el agua” durante este aislamiento físico, no lo dudo, pero será una minoría.

El tacto, que es el primer sentido que desarrollamos al nacer, nos sirve para adaptarnos a nuestro ambiente y comunicarnos con los demás.

Gracias al contacto humano, nuestro sistema nervioso se relaja, se reducen los niveles de cortisol, hormona relacionada con el estrés; y se libera oxitocina, otra hormona que también aparece cuando tenemos sexo… ya te imaginarás sus poderes. Sentir que nos tocan nos puede brindar tranquilidad, felicidad y hasta cordura

Photo by tabitha turner

Los beneficios del contacto físico son psicológicos y fisiológicos, ya que nuestro sistema inmunológico se fortalece cuando tocamos o somos tocados(as). Así que te invito a abrazar a quien tengas cerca, incluso si es un perro o un gatito. Si solo eres tú, tócate, lo digo en serio, darnos masaje, acariciarnos, peinarnos o masturbarnos implica estar en contacto, sentir rico, consentirnos y relajarnos. 

Si mañana mismo pudiera tener una cita con mi crush, claro que me encantaría tener muchísimas prácticas sexuales, pero creo que cambiaría todos los orgasmos del encuentro por dormir de cucharita con él. ¿Y tú?

Photo by Richard Jaimes

Lengua en el sexo… ¡qué rico!

Photo by Devon Divine
Si usar la lengua para probar a tu pareja es rico, imagina usarla para hablar con ella.

Por Frida Segura

24 de agosto de 2020

Seguramente has escuchado la frase “hablando se entiende la gente”, que se refiere a la importancia de la comunicación entre personas. ¿Qué crees? En las relaciones sexuales también es muy efectiva, y es que, sin importar la “etiqueta” que le pongan tú y tu pareja a su relación, hablar de sexo, quizá durante el mismo, es necesario. 

¿Hablar durante el sexo?

¡Claro que sí! No queremos dejar de lado el lenguaje corporal y paralingüístico (silencios y sonidos que no son palabras, como los gemidos), pero queremos resaltar que transmitirle a tu pareja lo que quieres intentar, lo que te gusta (o no) que te hagan, así como la forma en que te gusta que lo hagan, permitirá que ambos disfruten al máximo el encuentro, ya que por más que lo desees, el genio de la lámpara no vendrá a darte el poder de leer la mente del(a) otro(a). Por eso, pregunta, siempre ¡pregunta!

Y… ¿si mi propuesta no le gusta?

¿Y si sí? Todas las personas podemos sentir inseguridad al momento de querer proponer algo nuevo. Incluso, socialmente se cataloga como “inapropiado”, “mal visto” o “ atrevido” cuando una chica se decide a usar la lengua… para decirle a su pareja que quiere intentar una nueva posición, una práctica sexual diferente o el uso de un juguete nuevo. Si los “atrevimientos” implican comunicarle a tu pareja sobre todo aquello que les puede producir placer, a ambos, entonces sí… ¡atrévete!

Tip:  ¡conócete!

Practicar la masturbación, además de permitir que tú te conozcas, ayudará a que le enseñes a tu pareja cómo, cuándo, con qué y dónde te gusta que te toquen (¿te gusta que te toquen con rapidez? ¿hay que bajar el ritmo y/o la presión?), pues recuerda que nadie mejor que tú mismo(a) para saberlo y, después, compartir tu placer (si quieres) con alguien más. 

Photo by Ava Sol

Amigo(a), ligue, novio(a) o esposo(a), todos(as) necesitan hablarlo.

Independientemente de la relación en la que te encuentres con tu pareja sexual, al momento de compartir intimidad, es necesario escucharse mutuamente para poder tener un encuentro sano, respetuoso y placentero. 

Recuerda preguntarle a la otra persona si le gusta esto o aquello y quiere hacerlo en ese momento, porque si no existe consentimiento, se puede caer en abuso sexual y/o violación, lo que se convertirá en una experiencia muy incómoda e incluso traumática. 

No podemos evitar mencionar que entre aquellas peticiones y acuerdos a los que pueden llegar para la relación sexual, está la protección, utilizada por el hombre, por la mujer o por ambos. Es imprescindible que se toque… el tema para cuidar de la salud y bienestar de cada uno. 

Finalmente, es necesario que sepas que establecer el diálogo antes, durante y después del sexo permitirá mayor apertura y libertad entre tú y tu pareja; también ayudará a crear un ambiente seguro y de confianza para los dos, hecho que sin duda los hará sentir más cómodos y disfrutar mucho más del momento. 

Así que ya sabes, ¡agrégale un poco más de lengua a tus encuentros sexuales!

Photo by Mia Harvey

La primera vez

Photo by Davids Kokainis
Antes de iniciar mi reflexión quiero que te respondas en qué piensas cuando escuchas estas tres palabras: “la primera vez”. Muy probablemente en lo que a algunos autores les da por llamar debut sexual, o quizá no y, en ese caso, qué agradable sorpresa.

Por Mallinali Mejía

20 de agosto de 2020

A esta frase le debemos el peso desproporcionado que se le ha dado al primer encuentro sexual, que según “debe” incluir penetración vaginal. Consecuentemente, el sexo sin penetración, el sexo oral y el sexo anal suelen ser excluídos, por lo que muchas personas que han tenido relaciones sexuales, piensan que no lo han hecho y, peor aún, las personas de la diversidad sexual y sus prácticas, en ocasiones, quedan invisibilizadas.

Lo que nos dicen a las niñas y mujeres adolescentes es que “tenemos que darnos a respetar”, que “debemos guardarnos hasta el matrimonio” o que nuestra dichosa primera vez debe ser por amor. Así que en muchos casos, la primera relación sexual es cercana a la boda o unión libre con la pareja y, en ocasiones, también a la maternidad. Afortunadamente, poco a poco, las estadísticas muestran que girls just wanna have fun, sin casarse ni convertirse en madres.

A ellos no les va mejor, se encuentran en una carrera contra el tiempo, si no han “debutado”, se duda de su masculinidad/heterosexualidad, hay personas que incluso llevan a sus hijos con trabajadoras sexuales para quitarles lo “quintito” (virgen). Si alardean al respecto y, a partir de entonces, tienen múltiples parejas sexuales, mucho mejor. Acá no importa el amor, porque se le da más peso a lo erótico que a lo afectivo.

Si son chicos homosexuales, se piensa que “lo mínimo que pueden hacer es ser activos” porque “ser penetrados les resta hombría” y “de los males, el menor”.

Photo by Renate Vanaga

Algunos estudios recientes han demostrado que existen factores relacionados con el inicio de la vida sexual, la cual se retrasa mientras las personas asistan a la escuela, tengan mayor nivel de estudios y dependan económicamente de sus padres.

Así mismo, a mejores oportunidades es más probable que la gente use anticonceptivos. Específicamente en la primera relación sexual, el condón se usa menos entre mujeres, personas de niveles socioeconómicos desfavorecidos, personas que inician más jóvenes o que ya se han casado.

He de confesar que yo me la tragué enterita… esta versión del amor romántico, en mi adolescencia rechacé a quienes se me acercaron con intenciones meramente sexuales porque estaba esperando a alguien con quien fuera especial mi tan anhelada primera vez. La persona llegó, nos enamoramos y, la verdad, no cambiaría nada, pero me quedo pensando si la elección fue mía o del sistema

En fin, te quiero hablar de muchas otras primeras veces, porque es probable que no hayas disfrutado de esa primera relación sexual, que quizá ya ni la recuerdes, que no haya sido con consentimiento, que no fuera lo que esperabas o que aún no haya llegado…

¡Tranqui, quedan muchas otras por delante!

Por ejemplo, el estrés que sentirás o sentiste en tu primera vez puede ser muy parecido al de tu primer encuentro con otras parejas sexuales y es que es una nueva experiencia, también desconocida. Inclusive si se trata de la misma persona, pero es en otro lugar o bajo distintas circunstancias, puedes tener nervios e inseguridad.

La vida es un manojo de primeras veces,

algunas buenas, otras no tanto, porque no sabemos qué chingados, pero conforme pasa el tiempo y agarramos… práctica, podemos disfrutar mucho más, entender qué sí y qué no nos prende, nos gusta, nos hace sentir frustración o nos abre las puertas del cielo del placer.

Photo by Jon Tyson

Si has llegado hasta acá haz un ejercicio rápido, recuerda la primera vez que te gustó una persona, sentiste mariposas en el estómago, te masturbaste, besaste a alguien, viste un cuerpo -que no era el tuyo- desnudo, tuviste relaciones sexuales, probaste una posición distinta a la del misionero, te hicieron o hiciste sexo oral, pusiste o te pusieron un condón, fuiste a un hotel, te cacharon en la movida…

Quizá son recuerdos agradables, tal vez quisieras que hubieran sido distintos o no has pasado por algunas de esas situaciones, lo importante es que siempre puedes modificar las condiciones y agregar otra primera vez a tu existencia.

Tú decides cuántas quieres tener, solo recuerda cuidar tus límites y tener el consentimiento de tu(s) pareja(s).
Photo by Claudia van Zyl

La pruebita de amor

Photo by Alexandru Acea
No me refiero a ese encuentro sexual que se le exige a una persona para demostrar su amor, lo cual es bastante violento, por cierto. Quiero hablar de otra prueba, una que realmente es de amor, pero propio, la de VIH, ¿te la has hecho alguna vez?

Por Mallinali Mejía

10 de agosto de 2020

Tengo una idea de lo que respondiste, aunque espero equivocarme. Muchas personas no consideran necesario realizarse la prueba de VIH porque tienen información errónea acerca del virus, piensan que “el SIDA solo le da a gays”, que “es de gente promiscua”, que “saben con quién se acuestan” y aparentemente esto les protege, o peor aún, no saben ni que existe el test. Por favor, estamos en 2020, el único virus que nos debería tener así de confundidos(as) es el Sars-Cov-2, el que causa la COVID-19.

VIH y SIDA no son lo mismo

VIH es una infección de transmisión sexual (ITS), SIDA es una fase avanzada de la infección, en la que se presenta un conjunto de síntomas. Las personas que tienen SIDA pueden volver a una etapa asintomática de VIH, con ayuda del tratamiento antirretroviral.

El VIH se puede adquirir durante los encuentros sexuales, la práctica de mayor riesgo es el sexo anal, seguido del sexo vaginal; los orales son de bajo riesgo. Las otras vías de transmisión son sanguínea y vertical, o sea, de madre a hijo(a), durante el embarazo, el parto o la lactancia.

Los fluidos transmisores son cinco: sangre, semen, lubricante vaginal, líquido preseminal y leche materna. Si hay contacto de mucosas con estos fluidos, hay riesgo de transmisión. ¡No te preocupes por los besos de lengüita! Ni la saliva, ni el sudor, ni las lágrimas ni la orina transmiten el VIH.

CUALQUIER persona puede vivir con VIH y tú ni te enteras, porque no se nota en la cara, ni el cuerpo, ni en los genitales, simplemente no se ve. ¡Incluso tú podrías vivir con la infección y tampoco saberlo! 

Existen grupos claves, porque tienen algunas prácticas de riesgo y un bajo acceso a información y servicios de salud: hombres que tienen sexo con hombres (HSH), mujeres trans, trabajadores(as) sexuales, usuarios(as) de drogas inyectables y personas en reclusión. Además, hay grupos vulnerables, por factores biológicos, psicológicos, culturales, económicos y sociales: mujeres, población indígena, personas en situación de calle, migrantes y jóvenes. Y en este último grupo es donde me quiero detener, ya verás por qué.

Photo by Tim Marshall

La juventud va de los 15 a los 29 años, al menos se considera así en México, en donde uno de cada cuatro habitantes es joven. Y resulta que, precisamente en este rango de edad, se concentra el 49% del total de personas que viven con VIH. El 5.5% de personas seropositivas a VIH tienen de 15 a 19 años; el 21%, de 20 a 24 años y el 23%, de 25 a 29 años.

Si estás en este rango de edad, tendrás muy presente lo que te voy a decir; si la juventud ya solo vive en tu corazón, seguro recordarás qué pasaba en tu vida en esos años. La percepción de riesgos es bajísima o, incluso, inexistente. Crees que a ti no te va a pasar. Y no solo hablo de adquirir VIH, sino de ponerte malacopa, chocar, quedarte en un malviaje, tener un embarazo no deseado o ganarte la lotería… bueno, eso último sí que no va  a pasar. Todo lo demás, tiene más probabilidad de ocurrir.

Imagínate, cómo no vas a adquirir una ITS en tu juventud si en promedio, los(as) mexicanos(as) tienen su primer encuentro sexual a los 17 años y solo la mitad de quienes lo hacen, utilizan algún método anticonceptivo, al menos, en esta primera vez. No todos los métodos previenen infecciones, solo los de barrera, así que el porcentaje de quienes se protegen de las ITS es menor.

Photo by Chris Liverani

Si a eso le sumas que algunos encuentros sexuales se dan bajo el influjo de sustancias como el alcohol o la marihuana (que es la más común, pero no la única que se usa recreativamente, pa’ divertirse, pues), el riesgo aumenta, ya que la gente no se preocupa por protegerse en esos momentos.

¿Te ha pasado?

Además, hay que decirlo, el acceso a la información y los servicios de salud es deficiente. No siempre es tan fácil conseguir condones o una cita en ginecología o urología cuando notamos algo extraño en nuestros genitales. ¿Y qué pasa? Que dejamos que pase, a ver si con el tiempo se nos quita, lo cual es jugar a la ruleta rusa y no solo lo hacen los(as) jóvenes.

Hay otros factores de riesgo para adquirir VIH u otra ITS, como la dificultad para negociar el uso del condón o posponer los encuentros sexuales, la violencia en la pareja, la influencia de los medios de comunicación y la idea equivocada de que con condón no se siente rico. Obvio no se siente igual, pero sí se siente y sí es muy placentero.

La juventud es época de grandes cambios, físicos y psicológicos, ¿Cuántos amores se pueden tener de los 15 a los 29 años? La cifra se puede multiplicar si hablamos de parejas sexuales. Es común que la estabilidad se entienda como fidelidad y seguridad, pero no es así, por mucho que adores a una persona, deberían usar métodos de barrera o, al menos, realizarse pruebas de ITS, entre ellas, la de VIH. Si el resultado es positivo puedes detener la transmisión e iniciar el tratamiento de manera oportuna, el beneficio es social e individual. 

¿Duele, es cara, dónde y cada cuánto me la hago? 

Hay varios tipos de pruebas, pero puedes empezar por la rápida, que solo es un piquetito en el dedo y te da un resultado en diez minutos. Puedes conseguirla gratis con asociaciones civiles como AHF, Condomóvil y Fundación México Vivo o pagar por ella en un laboratorio. También puedes ir a Clínica Especializada Condesa o algún CAPASITS en tu localidad, ahí la prueba es más completa y también te hacen la de sífilis, aunque ve preparado(a) mentalmente porque el piquete es en el brazo.

Idealmente, se debe realizar desde que empiezas a tener relaciones sexuales, una vez al año, aunque podría ser más seguido si tienes muchas prácticas de riesgo. Si tu resultado es positivo y finalmente te diagnostican VIH, entonces puedes acudir a La Casa de la Sal por orientación y apoyo psicológico.

Tener encuentros sexuales puede ser súper placentero, relajante y divertido, lo importante es que sea con responsabilidad. Tu salud es tu asunto, no el de tu pareja sexual, no le pidas pruebitas de amor, a menos que sean las de ITS y tú también se las des.

Photo by Obi Onyeador

¿Son ETS o ITS, se curan o se tratan?

ITS son las siglas de “infecciones de transmisión sexual”. La razón por la que ya no se usa ETS es porque significa “enfermedades de transmisión sexual” y una enfermedad presenta síntomas, no así las infecciones, puedes vivir años con una y ni te enteras.

Por Mallinali Mejía

3 de agosto de 2020

Enfermedades venéreas”, ya ni se te ocurra o te confundirán con tu abue.

Aclarado el punto, ¿sabes si has tenido alguna? En la educación sexual que te daban en la escuela, si es que corriste con suerte, te decían hasta el cansancio que te cuidaras de ellas, pero no mencionaban que lo más probable era que eventualmente tuvieras alguna, aunque te cuidaras y que esto no es malo, es humano. Las ITS se satanizan porque suelen adquirirse a través del sexo y ya sabes lo que piensan del sexo las personas conservadoras… sobre todo si es placentero.

Te pongo un ejemplo, ¿a quién no le ha dado gripa alguna vez? Todas las personas hemos tenido y lo contamos a diestra y siniestra, incluso a gente a la que no le importa, le platicamos que nos resfriamos o tuvimos tos o calentura, pero si sospechamos que tenemos una ITS capaz que ni al médico vamos, porque “qué pena” ese otro tipo de calentura.

Para empezar, no todas las infecciones en genitales son ITS, la mala higiene, la ropa ajustada o los “shampoos íntimos” también pueden llevar agentes patógenos a esta parte de nuestro cuerpo y éste reacciona: la comezón, ardor o dolor no necesariamente son consecuencias de un encuentro sexual.

Photo by Hanna Postova

Las ITS son muchas, pero en el mundo y en México, las más comunes son ocho y, seguro que has oído sus nombres:

sífilis, gonorrea, clamidiasis, tricomoniasis, hepatitis B, herpes, VIH y virus del papiloma humano (VPH).

¡Lotería! Las primeras cuatro son curables, las restantes solo son tratables, o sea, que si las tienes, puedes controlarlas, pero el virus habitará tu cuerpo hasta que mueras (de vejez, alguna enfermedad o un accidente)  o descubran la cura, lo que pase primero.

Al VIH se le tiene mucho miedo y, de hecho, se relaciona con altos niveles de discriminación, incluso se le llama SIDA (error porque ni siquiera son lo mismo) Sin embargo, el VIH no es la infección más común. Alrededor del 60-75% de la población mundial, o sea, más de la mitad vive con VPH y quizá ni lo sabe, es una infección súper silenciosa, pero es un precurrente del cáncer cervicouterino, que en México causa la muerte de 16 mujeres diariamente. 

No es competencia de ITS, solo quise señalarte esos datos para que te des cuenta de que es muy probable que en algún punto de tu vida adquieras una o varias ITS, aunque uses condón. Claro, si no usas protección y, además, tienes muchas parejas sexuales, es más probable que esto suceda. Y no será culpa de tus parejas ni tuya, son cosas que pasan, solo tienes que hacerte responsable: tomar precauciones o atenderte (en un consultorio real, no te autodiagnostiques con ayuda de Google).

Volviendo al ejemplo del principio, ¿acaso alguien ha dejado de comer helado, vive eternamente con suéter o mantiene una distancia considerable al platicar para no contagiarse de gripa? (Ojo, que dije gripa, no COVID-19). Tal vez sí existe esa persona, pero en general, lo seguimos haciendo porque es parte de la vida y sabemos que nos puede pasar, si nos da gripa, vamos al médico y nos reponemos.

Así con las ITS, está bien prevenirlas, pero no podemos dejar de hacer el amor… o tener sexo salvaje (como lo quieras hacer o tener) solo por miedo a ellas.

No me quiero despedir sin recordarte que los únicos métodos que te protegen de las ITS son los de barrera: condón, sábana de látex, guantes y dedales de látex. La abstinencia es incluso más segura, aunque quizá no tan divertida.

El buen sexo

Levanta la mano si has tenido buen sexo alguna vez en tu vida. ¿Cómo lo describirías? Si ha sido en muchas ocasiones, ¿cuáles son los factores en común? Y si consideras que eres un(a) dios(a) del sexo, ¿crees que tus parejas opinan lo mismo?

Por Mallinali Mejía

27 de julio de 2020

Para empezar, me gustaría recordarte que el sexo tiene dos connotaciones, la primera es biológica y se refiere a las características que te definen como mujer, hombre o persona intersex. La segunda es cuando se mantienen relaciones sexuales, en México este significado es el más popularizado.

Ejercicio rápido, ¿tú en qué piensas cuando escuchas la palabra SEXO?

Independientemente de lo que venga a tu mente con esas cuatro letras, a lo largo de tu vida has aprendido (y yo espero que también des-aprendido) cómo debe de ser. Si no te lo han dicho, lo habrás visto u oído en los medios de comunicación, en las redes sociales, en los libros y las revistas, en el porno…

Aunque los genitales, son solo una parte del sexo biológico, se les da mucha importancia porque son visibles en el momento del nacimiento. Después ya no, por la ropa, pero aún así, deben de ser perfectos, y no para nosotros(as) sino para nuestras eventuales parejas sexuales. En la infancia basta con que estén limpios, en la pubertad comienza el infierno. 

Los penes deben ser grandes y anchos, si no, se duda de la hombría de sus dueños, se cree que no podrán dar orgasmos, como si la penetración fuera indispensable para el placer y como si quien “porta” el pene fuera el encargado del clímax de la otra persona. Nadie quiere ser un “pito chico”, insulto que se usa aunque no se conozca el pene del ofendido. Al contrario, tu miembro o el de tu pareja debe ser como una “tercera pierna”.

Photo by Charles Deluvio

Las vulvas, por su parte, deben ser bonitas, lampiñas y discretas (si se te ve el cameltoe, que se antoje, si no, usa ropa holgada); las vaginas, pequeñas y “apretaditas”, como si sus únicos fines fueran apretar penes y expulsar bebés. Ah, y claro, deben oler rico, a flores, a frutas, a cualquier cosa, menos a vulva porque eso “huele feo”.

El encuentro sexual también tiene mandatos, para ellas, debe ser por amor, para ellos, por deseo y como siempre tienen, pueden permitirse tener múltiples parejas sexuales. Ellas no, porque “no pueden” amar a más de uno a la vez y porque son unas “putas” si solo quieren sexo.

Yo aprendí “cómo tener sexo” en el canal de Playboy, diría que fue el gran maestro. Es muy probable que tú también hayas aprendido gran parte de esto con el porno, en donde el fuego se enciende de inmediato, la gente no se besa y las eyaculaciones siempre van en la boca.

Las mujeres son de cara linda y siempre están maquilladas, se visten súper sexies, tienen unos pechos enormes y durísimos, abdomen plano, piel blanca y lisa, piernas sin celulitis, vulvas rositas, anos sin pelos y las gargantas más profundas y potentes del universo: les cabe todo y gritan como si no hubiera un mañana. 

Los hombres son musculosos con penes largos y siempre erectos, a veces ni se les ve el rostro. Si son gordos o feos, no importa, igual se cogen a mujeres hermosas y voluptuosas que se derriten por ellos. No hacen ruido porque los gemidos les tocan solo a ellas y su trabajo se reduce a meter y sacar con fuerza. Siempre sin condón.

Hablo de la pornografía tradicional, de lugares comunes en el sexo, con los que crecí y me excitaba (quizá aún lo hago); aquella en la que dos mujeres se pueden besar y es caliente, pero dos hombres jamás, a menos que sea porno gay; en la que ellas se orgasmean a cada minuto y están impacientes por tener semen en la cara para tragar el que caiga cerca de sus bocas. 

La gente siempre es cachonda, el consentimiento es implícito y las violaciones terminan siendo disfrutables para la víctima, no hay comunicación más allá de “oh, my god”, “yes”, “fuck me, fuck me, fuck me” (lo veía en inglés, “sorry”, ustedes aporten las frases en español); la saliva es el único lubricante usado, los besos y caricias solo son para pechos, nalgas, penes, anos y vulvas. Cada vez es más común el cunnilingus (sexo oral a la vulva) y obligatorio el squirt (orgasmo a chorro o eyaculación femenina). El orgasmo masculino es el fin de la peli. 

Así se supone que es el sexo

Por eso nos dan pena nuestros cuerpos, con genitales diversos, con exceso de grasa mal distribuida, con pelos, con manchas; preferimos apagar la luz, para que no nos vean. Muchas mujeres se sienten obligadas a chupar penes y tragarse el semen, mientras que los hombres se ofenden si tenemos arcadas (ganas de vomitar) o les pedimos que ellos nos hagan sexo oral.

Photo by Dainis Graveris

Las parejas van directo a la penetración, las mujeres no lubrican y los hombres tienen problemas con su erección o eyaculación; ellas no tienen orgasmos y a ellos les falta responsabilidad afectiva, “ya me vine, ya me voy”.

No es nuestra culpa, pero sí es nuestra responsabilidad, podemos re-educarnos para cambiar estos estereotipos y mandatos si limitan nuestro placer. Si los reproducimos (en nuestra vida sexual) que sea porque queremos, no porque debemos; porque los disfrutamos, no porque hacen feliz solo a nuestra pareja. 

El buen y mal sexo son distintos para cada persona e, incluso, para la misma persona en diferentes momentos de su vida. Más que preocuparte por tener un mega pene, apretar mucho o ser increíblemente flexible, ocúpate en hablar con tu pareja (estable, casual u ocasional), fijar límites, hacer acuerdos y respetarlos. Escucha sus deseos y necesidades, y exprésale lo que te gustaría probar o te encanta sentir (a qué ritmo, con qué fuerza, en dónde, con qué…).

¡Echa a volar la imaginación y deja que el porno se quede pendejo al lado de tus encuentros sexuales reales!
Photo by Clark Tibbs

Al diablo con las prohibiciones

Photo by Noah Buscher
“De eso no se habla”, “no te toques ahí”, “eso no está bien”, “no lo hagas” y demás frases parecidas son comunes en la educación sexual tradicional. Espero que no hayas crecido escuchando ninguna de éstas.

Por Mallinali Mejía

20 de julio de 2020

Aunque tal vez no te las dijeron así, quizá las cambiaron por “eso es malo”, “te vas a enfermar”, “nada más sales con tu domingo siete y vas a ver”, “te van a salir pelos en la mano” o “eso es de marimachas/maricones”. Una última posibilidad: ¡callaron! De cualquier manera, aprendiste.

Afortunada o desafortunadamente, no se necesitan palabras para enseñar.

Los gestos y actitudes de tus padres, las bromas de tus amigos(as) y los comentarios de tus familiares; los anuncios, las series, las telenovelas y las películas del cine y la televisión; las redes sociales y el porno (ojo con éste) dicen mucho acerca de la sexualidad y de cómo “debes” vivirla.

A ver, seguro te acuerdas de lo que deben hacer las niñas y los niños, a mis primos los regañaban si jugaban con mis Polly Pockets o mis Barbies. ¿A ti te obligaban a ponerte ropa de cierto color o te prohibían usar ciertos juguetes? Si tu respuesta es negativa, felicítame a tus papás (o quien te haya criado).

En el preescolar, una maestra me dijo que dejara de tocar mi vulva, obvio no mencionó esa palabra (porque hasta los veintitantos creí que esa parte de mi cuerpo se llamaba vagina), no me regañó, pero me sentí avergonzada; en cambio, siempre veo a hombres rascándose los testículos sin pena alguna. Basta con echarle un ojito a un partido de fut para tener muchas de esas imágenes, pero “¡qué oso que una mujer lo haga!”.

Mi mamá me compró una enciclopedia de la sexualidad cuando era pequeña, siempre fue abierta con el tema y, aún así, cuando yo estaba en la primaria ya sabía que era “malo” ver porno, por eso, lo hacía cuando no había nadie cerca y si oía que alguien venía, cambiaba el canal. Eso sí, estaba prohibido tener novio y yo siempre fui muy obediente, si no lo hubiera sido quizá habría aprendido a llevar mejor mis relaciones de pareja, pero no puedo saberlo, así que no me arrepiento. 

Photo by Devin Avery

En la secundaria, a una compañera no le permitieron seguir con sus estudios porque sus papás la encontraron teniendo relaciones sexuales con su novio. Ella quería estudiar, pero no pudo, se convirtió en madre adolescente, como muchas mujeres en México. Yo a esa edad no sabía ni lo que era un beso en la boca, se me revolvía el estómago si un niño me tomaba de la mano. No creo que ella haya tenido un embarazo planeado, no sé si conocía los condones, si sabía cómo colocar uno, si alguna vez trató de negociarlo con su pareja. 

Una vez en una reunión, una amiga dijo que nunca se había masturbado, teníamos más de 18 años y yo llevaba toda la vida haciéndolo. No sé por qué ella no lo hacía, pero muchas mujeres, incluso mayores, no lo han hecho ni una sola vez en la vida. Por el contrario, un amigo me contó que se juntaba con sus cuates, veían porno y se masturbaban juntos, “cada quien con lo suyo”, me aclaró. 

La idea no es quejarme porque los hombres “sí” y las mujeres “no”,

lamento si sonó así, porque la verdad es que todas las personas sufrimos esta mala educación, sí, dije mala y no agregué comillas. Aunque algo más exacto sería decir errónea e irrespetuosa con nuestros derechos.

Para empezar, muchas personas desconocen la diferencia entre sexualidad y “sexo” (yo también llegué a pensar que eran lo mismo), pero les da miedo preguntar, por todo lo que les han prohibido o dicho que está mal, así que empiezan su vida sexual basándose en las enseñanzas populares, lo que se vuelve el principio de su tormento.

“Los penes son enormes, si no lo son, no dan orgasmos y restan valor a la persona”, “las mujeres necesitan encontrar a una pareja que les dé placer”, ah, pero “la virginidad es un tesoro y la deben guardar para después del matrimonio”, por cierto, “si eres hombre puedes tener múltiples parejas sexuales, porque así es tu naturaleza y pobre de ti si rechazas una cogida”, “si eres mujer y tienes muchas parejas sexuales eres una puta”, por qué lo haces “si debes darte a desear”. Pero para todos hay, tú, “hombre, no puedes tener pene y gozar del sexo anal, ¿acaso eres joto?”, “claro, seguro ya hasta tienes SIDA”…

Podría escribir páginas enteras acerca de todo lo “malo”, “asqueroso” y “peligroso” que nos han pintado el sexo

y eso que no, no es sinónimo de sexualidad, si agregamos todas las ideas que nos han metido hasta la garganta, digo, hasta la coronilla, serían libros; tú también debes haber escuchado, creído o dicho alguna de estas frases, pero no podemos vivir eternamente culpando al sistema, algo tenemos que hacer, ir en contra de él a mí me parece un muy buen inicio. 

Photo by 甜心之枪 Sweetgun
Si hablar abiertamente, experimentar y disfrutar de nuestra sexualidad está “mal”, tengamos malicia para hacerlo sin miedo, sin culpa y sin remordimientos.

Una malicia sana, que nos permita contar con la información necesaria para tomar decisiones conscientes y asumir consecuencias positivas y negativas, además de vivir y dejar vivir a los demás, sin señalar, etiquetar, juzgar o lastimar a otras personas. 

Yo apenas estoy re-aprendiendo y se siente genial, es liberador y bonito, no solo con mi cuerpo sino también con mi mente. Te invito a que te atrevas a cambiar tus creencias acerca de la sexualidad (si crees necesitarlo, si alguna de las frases entre comillas te hizo click o tienes alguna parecida) porque ya estamos en 2020, ¿por qué seguimos diciendo que es un tema tabú? ¿Por qué lo sigue siendo?